Culiacán, Sin.- El shock y la confusión reinan en un escenario poco común en Sinaloa. La plaza comercial devastada desde sus entrañas. El bulevar constelado por vidrios rotos. Vehículos nevados con polvos del desastre sobre su carrocería.Las torretas de patrullas con sus luces premonitorias. Policías y soldados, bomberos y paramédicos entre los escombros de la diversión interrumpida.
La multitud dispersa. La multitud unida en el shock y la confusión.La Plaza Lemaz en carne viva exhibe el daño interno de su estructura en su visión de frente. Desfondada en la parte que pocos ven.
El ir y venir continuo de la gente, el asomo por aquí y por allá en busca del mejor rostro del desastre ante la actitud fría de los militares que resguardan la cinta que delimita el escenario.
Paramédicos de Protección Civil y de Cruz Roja atendiendo a los heridos.
El murmullo de la multitud es la Babel de la madrugada de Culiacán, la que amaneció con la explosión en seco que cimbró el suelo de una ciudad dormida. El comentario y el apoyo de un abrazo ante la magnitud del estallido.”Volamos todos hacia la barra; juntos caímos todos”, cuenta Michel.
Las perneras desgarradas de su pantalón muestran una visión equívoca. Sentada en la acera junto con sus compañeros hace un recuento de lo sucedido luego de recibir auxilio por heridas sin consideración.”No sabía ni qué pasaba”, continúa, “y ya vi todo el desastre, y gritaba… Dijeron: ‘es una bomba’, o algo así…”
La estructura metálica de los locales expuesta, los cristales como bisutería regada por el bulevar y el polvo de los escombros nevando el toldo de los coches, semejan un escenario de ataque terrorista inédito en la memoria colectiva.”…de pronto se escuchó la primera explosión seguida de las otras dos… Empezaron a caer las vigas, el techo y todos los vidrios”, relata Christian Iván.
Sentado en la raya amarilla del islote de concreto que sirve para unir el bulevar Universitario con el Enrique Sánchez Alonso, el empleado de La Reu se encuentra solo. Los brazos cruzados y la mirada absorta. La playera desgarrada a la altura de su hombro. Las rodillas pegadas al pecho en el desamparo de la madrugada.”Toda la gente entró en pánico y empezaron a caer…”, susurra, “traté de ponerme abajo de una puerta, pero todo mundo…”
La parte trasera de la plaza está desfondada. Los escombros que dejó la explosión se observan en el canal de aguas pluviales adyacente a los locales.
Vecinos del área van llegando. Comentan lo poderoso de la explosión que cimbró sus lechos.
Carolina, como casi todos los lesionados, descansa en la acera. Su estancia en La Reu era solo para tomarse unas cervezas. Ahora se encuentra “ida”.
“…yo creí que había sido una bomba, y pues, entré en shock”, musita.
Las palabras la despiertan como de un letargo. Observa a su alrededor. Se estruja las manos y guarda silencio. Aspira una bocanada de la madrugada que no pensó vivir y continúa:
“Hasta ahorita me está cayendo el veinte que estoy viendo, pero la verdad, no recuerdo qué pasó. La gente empezó a correr, creo. Cuando me di cuenta, pues, ya iba bajando las escaleras, y estaba la gente por todas partes… Hay muchas cosas que no recuerdo, la verdad…”
Los asistentes a La Reu siguen en shock. La plaza Lemaz está abierta en canal como bestia herida. El bulevar constelado de vidrios que semejan estrellas al ras del suelo y los coches con las cenizas en sus toldos ofrecen una visión equívoca de ataque terrorista o explosión por accidente.
mg
"…yo creí que había sido una bomba"
La explosión en la plaza Lemaz consteló de vidrios el bulevar Enrique Sánchez Alonso y cimbró el suelo de Culiacán
Fuente: Internet