Culiacán, Sin.- A espaldas del cerro de La Chiva los visitantes son recibidos por un camino recto de terracería y amarillento. A lo lejos se alcanza a ver un corral de ganado y un montón de troncos secos y luego, luego sale a la vista el jardín de niños y la escuela primaria de Paredones.

Casi de inmediato se nota la soledad. Tienes que apagar el motor del vehículo en el que viajas para entender el silencio de la zona. En el pueblito no hay música, los escasos sonidos que se escuchan son el ladrido de los perros, el crujir de las hojas secas mientras pasan sobre ellas las lagartijas y el caraqueo de las aves de corral que se pasean por las calles y extensos patios del rancho.

Desde la tarde noche del jueves, los habitantes de Paredones habían solicitado la presencia de los medios de comunicación, pero debido a las pocas condiciones de seguridad los reporteros no acudieron al llamado. Fue hasta el viernes por la mañana cuando se llevaría a cabo la reunión en la entrada principal del pueblo para dar a conocer los detalles de la inseguridad que se vive y solicitar la instalación de una base militar en la comunidad.
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Al llegar al sitio los comunicadores no encontraron a nadie. El lugar estaba desolado. Solamente algunas tiendas de abarrotes mantenían la venta al público, pero con los portones emparejados. A lo lejos se escucha el murmullo de una voz de hombre y al acercarse a la casa reciben el saludo de un adulto mayor de más de 80 años, quien amablemente saluda y ofrece el paso a los recién llegados.

Al cuestionarle sobre la presencia de grupos armados, el octogenario señala que a él no le ha tocado ver a nadie. Que el día que se dijo que llegaron los grupos armados, él no estaba ahí. Que para él es un pueblo tranquilo donde la gente trabaja y hasta el momento no han sufrido agresión alguna. Señala que tiene viviendo desde que nació en una humilde vivienda cercana al lugar donde se encuentra, mientras plática a señas con su amigo que ya ha quedado sordo por la edad.

En otra vivienda una mujer que acepta la presencia de grupos armados en el rancho renuncia a la entrevista por temor a represalias, con el argumento que ella vive en el lugar y puede tener “problemas”. Otro hombre adulto confirma que no han sido agredidos por los gatilleros, pero que sí hay presencia de ellos. Que solamente circulan en unidades por el poblado y que van de pasada, patrullando por las calles del pueblo.

Otra mujer asegura que alrededor de 90 personas han tenido que dejar el pueblo para no tener problemas con la gente armada. Pero en ninguna de las declaraciones de los pobladores se ha solicitado la instalación de una base militar en la zona, aunque por otro lado las autoridades del estado han señalado la incapacidad para otorgar ese tipo de protección ante la falta de personal en la Secretaría de la Defensa Nacional y la Policía Estatal Preventiva.

Es así como los vecinos de paredones sobreviven en una zona ubicada a poco más de 40 minutos del casco urbano. Donde el silencio es mejor que una declaración que comprometa su vida. Donde los candados y cadenas de acero custodian los portones de propiedades abandonadas, que hace poco tiempo eran habitadas por familias enteras.




