Guasave, Sinaloa. El miedo y la impotencia marcaron a una mujer comerciante del sector centro de la ciudad, quien el pasado jueves fue víctima de un asalto a plena luz del día. Eran las 11:00 de la mañana cuando se disponía a cerrar su negocio y en cuestión de segundos un hombre encapuchado y presuntamente armado, irrumpió en su caseta y le arrebató el bolso con más de 15 mil pesos en efectivo producto de las ventas del día.
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“Me subí para cerrar cuando de pronto ese fulano llegó, me puso las manos hacia atrás y me dijo que no me moviera. Me sacó todo, tomó mi bolso y salió corriendo. Me quedé helada. No era poca cosa, tenía que entregar ese dinero, me atrasaron mucho. Uno madruga para trabajar y esto no se vale. Ese día me dio dolor de cabeza, diarrea del coraje y tuve que pedir prestado para compensar. Todavía no me repongo”, expresó con frustración y todavía con la voz entrecortada.
En ese bolso dijo que llevaba más que dinero, estaban documentos personales, tarjetas bancarias y el pago al contador, así como el pago de la semana de un trabajador. La mujer asegura que su cuerpo todavía resiente la tensión del momento: dolor de cabeza, malestar estomacal y la necesidad de pedir prestado para cubrir lo que se llevaron “todavía no me repongo”.
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El ladrón, tras someterla, huyó corriendo hacia el norte, supuestamente hay testigos que aseguran que en una motocicleta lo esperaba un cómplice, sin embargo, ella no los vio. En segundos desapareció sin que nadie pudiera detenerlo, aprovechando que la zona estaba prácticamente desierta.
Más allá de la pérdida económica, la herida invisible es la que más pesa: el miedo. Desde aquel día la comerciante ha tenido que cambiar su rutina y ahora carga su monedero amarrado al cuerpo por temor a volver a ser atacada.
“Ya no me siento segura, aunque sea de día. Ahora camino mirando a todos lados, como si cualquiera pudiera hacerme lo mismo”, dijo.
Aunque la víctima acudió a la Fiscalía para denunciar y cancelar documentos, el trauma emocional no ha podido resolverse. El asalto no solo le robó dinero, también la paz con la que solía vivir su jornada laboral.