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Vivir con miedo no puede ser el plan

La violencia en Sinaloa no ha desaparecido; se ha vuelto intermitente, cíclica, impredecible. Un día baja, otro vuelve a subir. Homicidios, ejecuciones, enfrentamientos, explosivos, drones. Culiacán,...

Víctor Torres
Foto: Línea Directa. | Director General de Línea Directa, Víctor Torres.

La violencia en Sinaloa no ha desaparecido; se ha vuelto intermitente, cíclica, impredecible. Un día baja, otro vuelve a subir. Homicidios, ejecuciones, enfrentamientos, explosivos, drones. Culiacán, Mazatlán, Escuinapa, Navolato, Elota, San Ignacio. El mapa se amplió y la incertidumbre no se va.

El gobierno federal sostiene que el promedio diario de homicidios en Sinaloa ha disminuido en los últimos meses. Puede ser cierto en términos estadísticos. Pero la percepción social no coincide. Y no es solo percepción: las cifras no incluyen el drama de las personas desaparecidas, ni el impacto emocional que deja una violencia prolongada.

Entre las cifras y la vida cotidiana

Aquí está el punto central: la sociedad no está tranquila; está adaptándose. La gente aprendió a seguir con su vida, a cuidar sus rutinas, a protegerse emocionalmente. No es resignación absoluta, pero tampoco confianza.

Y, sin embargo, en medio de ese escenario, ocurre algo que pocas veces se comenta. Mientras continúan los operativos y la presencia militar en las calles, hay un trabajo silencioso que apuesta por la vida.

En Culiacán, programas de prevención y rescate de espacios públicos siguen activos. Canchas que se vuelven a usar, parques donde regresan las familias, actividades comunitarias que insisten en existir aun con el riesgo latente.

No es ingenuidad ni negación; es una decisión colectiva de no ceder por completo al miedo. Es la otra seguridad, la que no hace ruido, pero que intenta sostener la convivencia y reconstruir el tejido social desde lo cotidiano.

¿Hacia dónde va Sinaloa? ¿Cuánto tiempo más durará esta guerra? ¿Basta con administrar la violencia o es momento de plantear con claridad una ruta de reducción real y sostenida?

No se trata de descalificar los esfuerzos de las autoridades ni de negar avances puntuales, porque los hay. Pero tampoco se trata de pedirle a la gente que confíe solo en números cuando su experiencia diaria sigue marcada por el riesgo.

Sinaloa necesita señales claras de que la violencia puede retroceder y que la vida cotidiana puede volver a sentirse segura. La prevención, la reconstrucción del tejido social y la exigencia ciudadana de resultados reales son el único camino posible.

Pero hay que tener claro que la paz no llegará de un día para otro, la paz tendrá que construirse paso a paso… o simplemente no llegará.

Fuente: Internet

Fotografía de perfil de Víctor Torres

Víctor Torres

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