El debut de Marco Alonso Verde en México acaparó todos los reflectores, pero no así la atención del aficionado de Culiacán. El Parque Revolución presentó algunos huecos con registro aproximado de entre el 80 y 85 por ciento de su capacidad, cuando se esperaba un lleno total para ver en acción a este jovencito de Mazatlán que hizo abrigar esperanzas a todo el país de ganar la tercera presea de oro en esa competencia en toda la historia.
Hubo muchos factores que influyeron para no provocar ese 100 por ciento: el alto costo de los boletos (500 pesos el más barato y 4 mil las filas VIP), el clima de inseguridad y violencia que prevalece desde hace 10 meses, y la falta de pugilistas locales en la cartelera, reducida a uno solo (el veterano Santiago Alarcón).
La asistencia de un gran número de aficionados mazatlecos evitó que el parque acusara más zonas vacías. Además de Verde, la inclusión de Jesús Aréchiga y José Amaro, también del puerto sinaloense, arrastró gran número de seguidores para ser testigos del debut del medallista de plata en México, cuando ellos y cientos más esperaban el aterrizaje de Marco en un cuadrilátero allá en Mazatlán.
Pero la entrada tampoco se debe considerar pobre por los tiempos difíciles que vivimos los culiacanenses en cuestión de seguridad. Sin embargo, hay que recordar que en ese mismo escenario hace 41 años se registró un lleno total para ver el debut de otro olímpico, Genaro León, pese a que regresó con las manos vacías y el hecho de que su carrera como amateur la hizo fuera de la capital sinaloense.
Verde nos brindó una excelente actuación, superando de manera amplia al colombiano Cristian Montero, pugilista que prácticamente de última hora fue elegido para reemplazar al venezolano Humberto Díaz. Los motivos del relevo no fueron revelados por la empresa.
Montero fue un adversario valiente, aunque sin mucha técnica. No tuvo una carrera amateur como la del mexicano, pero aun así consiguió conectar buenos golpes y llevar el combate hasta el límite de los seis asaltos. La victoria de Marco fue clara. Algunos aficionados esperaban que hubiese sido por la vía del nocaut.
En lo personal, a Verde le conviene en este proceso de inicio de carrera acumular más rounds, adquirir más experiencia aplicando su boxeo, y no definir de la forma como lo hizo en Arabia en mayo pasado, enfrentándose, en primer lugar, a un boxeador que le retiraron varias telarañas y fuera de distancia.
De eso no tuvo la culpa Verde, quien esta vez le enseñó al público local y a los millones que lo vieron a través de la televisión, sus cualidades técnicas que lo condujeron a conquistar esa presea de plata que salvó la participación del equipo mexicano en París, Francia.
Verde tiene un estilo comercial que irá puliendo poco a poco de la mano de su entrenador Radamés Hernández. Estoy seguro de que en poco tiempo ya estará compitiendo en otro nivel, en ese que le abrirá seguramente las puertas para convertirse, además de la nueva cara del boxeo mexicano, en el tercer campeón mundial surgido de los gimnasios del bello puerto de Mazatlán.