Vandalismo y linchamiento

A los actos vandálicos como en el que sin sentido alguno jóvenes destruyen las letras del parador fotográfico de Las Glorias, siempre es posible encontrarles algo positivo, dentro de todo lo reprochables que indiscutiblemente son.

En el hecho, un grupo de jóvenes al parecer “amanecidos” y bajo los efectos del alcohol, procede a tumbar las letras ubicadas en el punto turístico más importante del municipio la mañana del miércoles de la semana pasada.

En el colmo de la estupidez, como si no lo fuera ya el inexplicable cuanto censurable hecho por sí mismo, uno de los muchachos filma toda la acción y la comparte en las redes sociales, como si se tratara de la más inocente de las travesuras, que a lo mejor ellos así lo pensaron.

Lo bueno de todo esto: la reacción unánime de la sociedad condenando los hechos y exigiendo castigo formal a los actores.

Buena también la reacción de las autoridades municipales, que sin mayores aspavientos, sin excesos ni exageraciones, asumieron su papel desde la parte técnica comprometiendo la reparación de los daños, hasta la jurídica interponiendo la denuncia formal correspondiente.

Bien por los padres de familia que se presentaron con sus hijos ante las autoridades, por temor o por responsabilidad, para enfrentar la situación, llegando a acuerdos.

Buena la reacción del gobierno de Aurelia Leal que sin linchamientos aplica una sanción económica para la reparación del daño y obliga a los jóvenes a prestar servicio comunitario en las playas como correctivo.

Que bueno.

Lo que no es bueno es el ajusticiamiento de los jóvenes por un segmento de la sociedad exaltado que pidió el ajusticiamiento de los presuntos involucrados sin ser juzgados. Malo el hecho de que siempre a través de las redes sociales una parte de quienes expresaron su opinión exigieron el castigo extrajudicial de los jóvenes por sus actos y pidieron la intervención de los delincuentes para ello, sin medir las consecuencias de un hecho de esta naturaleza. No es bueno porque pone en evidencia, por una parte, la falta de confianza de la gente en las autoridades formales, posiblemente muy bien ganada, pero que es necesario que la recuperen. Como tampoco es lo más recomendable que se ponga sobre un poder formal, otro fáctico.

No es un buen mensaje la postura de algunos de los jóvenes que pretenden justificar la acción que hicieron con el argumento de que las letras estaban apenas “sostenidas con unos alambritos”.

Este acto vandálico mostró también otra arista: el cobarde uso del anonimato en las redes sociales para acusar sin mayores pruebas a una persona de ser el autor intelectual del acto, sin prueba alguna, a través de una cuenta con un falso perfil, poniendo en riesgo la integridad de ésta y la de su familia.

Ojalá saquemos la mejor enseñanza de este reprobable hecho.

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