Una buena y una mala

La alcaldesa de Guasave, Aurelia Leal López, asumió esta semana dos posturas en torno a dos asuntos diferentes: los mismos que están enfrentando todos los municipios de Sinaloa.

En el primer caso, como le corresponde, denunció un presunto intento de soborno a quienes tomarían la decisión respecto a la adjudicación del contrato para la elaboración de los uniformes de policías municipales para favorecer a una empresa en particular.

Y además de poner nombre y apellido de quien estaría detrás de esta intentona, intervino para que no se concretara ese acto de corrupción.

Eso es bueno y creo que envía un buen mensaje a la sociedad, avanzando hacia la certeza de que la autoridad está pendiente para impedir el manoseo de recursos públicos mediante el tráfico de influencias, mal endémico y reconocido como práctica común en diversos niveles de gobierno.

El aludido de estar detrás del pretendido acto de corrupción, diputado Mario Rafael González Sánchez, presidente de Comisión de Seguridad Pública del Congreso del Estado, reaccionó exigiendo pruebas de la acusación y anunciando una demanda penal en contra de la alcaldesa y el secretario del Ayuntamiento, lo que es válido, además, emplazándola a renunciar a su cargo si no se lo demuestra, lo que es absurdo, y también recordándole que viene el análisis de la cuenta pública municipal de Guasave, lo que es una miserable amenaza.

Que se vaya todo por la vía legal. El mensaje positivo ahí está de parte de Leal López.

El segundo caso. La presidenta municipal reaccionó ante el anuncio de apertura de las playas, lo que el municipio acata pero no está de acuerdo.

Dijo: “Lo que el Estado y la Federación indiquen. Lo que ustedes indiquen bajo responsabilidad de ustedes. No podemos estar cuidando a la ciudadanía para que deje de hacer lo que tiene que hacer. También está difícil poner un policía para cada uno, y al parecer que les gusta retar a las autoridades al acudir a lugares con grandes tumultos, a fiestas, a playas. No nos están haciendo el daño a nosotros, se lo están haciendo a ustedes mismos”.

Se entiende el enfado de la alcaldesa ante la conducta de muchos de sus gobernados, partiendo de que, como lo hemos comentado en este mismo espacio, han trabajado activamente en la implementación de medidas preventivas del COVID-19 e incluso miembros de su gabinete se han contagiado.

Pero se debe ser muy cuidadoso desde el gobierno con los mensajes que se envían a los gobernados. No se debe dar la impresión que la autoridad está claudicando en esta que es una tarea esencial como tal.

Y no. Quienes están renuentes a acatar las disposiciones preventivas no se están poniendo en riesgo y haciéndose daño sólo ellos, también se lo están haciendo al gobierno y al resto de la sociedad.

Nunca el rendirse ante una dificultad que atañe a todos los gobernados, debe ser opción para quien gobierna. 

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