Hay obras que se anuncian y se olvidan. Y hay otras que cambian la vida de una generación completa.
El nuevo hospital del IMSS que ya inició su construcción en Culiacán pertenece a la segunda categoría.
No estamos hablando de una clínica más. Estamos hablando de una inversión superior a 4 mil 230 millones de pesos, de un complejo hospitalario que atenderá a más de un millón 109 mil derechohabientes, que generará mil 800 empleos y que contará con 28 especialidades en un terreno de 50 mil metros cuadrados. Eso, en términos reales, significa capacidad resolutiva. Significa dejar de vivir al límite.
El arranque de obra, con la presencia de la presidenta Claudia Sheinbaum, confirma que el proyecto no es improvisado. Es resultado de gestión, de insistencia y de coordinación política. Y en ese punto, hay que decirlo con claridad: el gobernador Rubén Rocha Moya logró colocar este hospital como prioridad nacional.
En ese mismo esfuerzo ha sido clave el trabajo en territorio de la delegada del IMSS, Tania Clarissa Medina, quien ha impulsado de manera constante la ampliación de la cobertura del Instituto, debido a la presión que enfrentan las unidades médicas por la falta de espacios y personal.
No es un dato menor.
Durante años, el IMSS en Sinaloa ha operado bajo una sobrecarga constante. Más población, más enfermedades crónicas, más urgencias, más demanda de camas. Médicos y enfermeras sosteniendo el sistema al límite, haciendo verdaderos esfuerzos extraordinarios frente a una infraestructura claramente rebasada.
Este hospital no es un lujo, es una necesidad acumulada durante décadas.
Invertir en infraestructura médica es una de las decisiones públicas más inteligentes que puede tomar un gobierno. Porque la salud impacta todo: productividad, estabilidad familiar, economía local, calidad de vida. Una cirugía oportuna evita discapacidad. Un diagnóstico temprano salva años de trabajo. Una cama disponible evita tragedias. La salud es la inversión social más rentable.
Pero también hay que mirar hacia el norte del estado.
En Los Mochis, la capacidad instalada del IMSS ya fue superada por la alta demanda. El crecimiento económico de la región, el dinamismo agrícola e industrial y el aumento poblacional exigen una infraestructura hospitalaria acorde a esa realidad. Lo que hoy se construye en Culiacán debería convertirse en modelo para la Zona Norte.
No se trata de competencia regional. Se trata de equilibrio territorial. Si el estado de Sinaloa quiere avanzar, necesita que su infraestructura médica crezca al ritmo de su población. Y eso implica visión de largo plazo.