Aunque el movimiento de los productores agrícolas en Sinaloa no ha concluido, la tregua alcanzada con autoridades estatales y federales representa, sin duda, una señal positiva.
Detener acciones como la toma de casetas para abrir paso al diálogo implica voluntad, y sobre todo, reconocimiento de que las soluciones de fondo no se construyen en la confrontación, sino en la negociación.
El fondo del problema sigue intacto. El campo sinaloense, y particularmente los productores de granos, enfrentan una contradicción compleja: son altamente eficientes, productivos y estratégicos para el país, pero operan en condiciones de mercado que no les garantizan rentabilidad. Compiten en un entorno internacional adverso, con precios deprimidos y sin esquemas de apoyo que compensen esas desventajas.
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Ahí es donde la discusión se vuelve más delicada. Hablar de subsidios no es un exceso, es una necesidad estructural. Si el gobierno federal ha planteado como prioridad la soberanía alimentaria, y en especial el maíz, como lo ha reiterado la presidenta Claudia Sheinbaum, entonces el respaldo al productor no puede ser discursivo: tiene que traducirse en políticas públicas claras, oportunas y suficientes.
A esto se suma un contexto particularmente complicado. La sequía ha impactado la producción en este ciclo, reduciendo volúmenes y aumentando la incertidumbre. Al mismo tiempo, los costos de producción siguen presionando: fertilizantes, combustibles, insumos en general. Es decir, menos cosecha y más gasto. Una ecuación que difícilmente cuadra sin apoyos o sin precios justos.
Por eso, lo que está en juego no es solo una negociación coyuntural. Es la viabilidad de miles de familias que dependen del campo y, en un sentido más amplio, la estabilidad de una actividad que ha sido históricamente motor económico de Sinaloa.
La tregua abre una ventana. Pero esa ventana requiere resultados. Gobierno federal, autoridades estatales y productores tendrán que ceder en algo, sí, pero también construir juntos. El objetivo no es ganar una negociación, sino alcanzar un punto de equilibrio: una utilidad razonable que permita seguir sembrando.
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Esta semana será clave. Si el diálogo se sostiene y se traduce en acuerdos concretos, el mensaje será claro: sí es posible resolver sin afectar a terceros. Pero, sobre todo, el mensaje sería que el campo no está solo.