Todos bajo sospecha

El 10 de diciembre 2002, como líder nacional de un gran movimiento social, El Barzón, Alfonso Ramírez Cuellar entró a caballo a la Cámara de Diputados.

18 años después, como presidente nacional del partido Morena, hace una controvertida propuesta para que encuestadores del Inegi puedan entrar a domicilios de los mexicanos a verificar patrimonio e información, bajo el argumento de medir la “concentración de la riqueza”.

No hay nada en contra del personal del instituto. Pero la inviolabilidad del domicilio es un derecho constitucional, y la propuesta es  aberrante e inviable en un régimen democrático.

Bajo su iniciativa se propone que Inegi tenga las facultades para obtener la información sobre el patrimonio inmobiliario y financiero de las personas, convirtiéndolo de esa manera en un órgano fiscalizador. Como si el estado no tuviera ya las herramientas para tal efecto

Textualmente el documento firmado por el líder nacional de Morena en el controvertido tema establece: “El INEGi debe entrar, sin ningún impedimento legal, a revisar el patrimonio inmobiliario y financiero de todas las personas. Cada dos años debe de dar cuenta de los resultados que arroja la totalidad de los activos con los que cuenta cada mexicano”. Desafortunado mensaje. Todos entramos en el terreno de la sospecha, cuando la confianza debe de ir en ambos sentidos.

El presidente Andrés Manuel López Obrador de inmediato en su conferencia mañanera descalificó la propuesta morenista. También hizo lo propio el líder de Morena en el Senado, Ricardo Monreal, quien se deslindó de la iniciativa del ex barzonista, que por cierto no se ha llevado a ningún espacio legislativo.

Por su parte, en su cuenta de Twitter, Ramírez Cuellar reculó y matizó: “Nuestra propuesta no implica que encuestadores del @INEGI_INFORMA ingresen físicamente a las propiedades de los mexicanos, sino que los expertos de dicha institución establezcan una metodología para conocer la concentración del ingreso y medir la desigualdad extrema en el país”.

Todo esto no le hace bien a nadie, ni al gobierno ni a los ciudadanos. Nunca, pero menos en la circunstancia de emergencia en la que nos encontramos. Tampoco a Morena, donde por cierto se intensificó el “fuego amigo” contra el dirigente nacional.

¿Qué se pretende realmente con este tipo de propuestas? Quién sabe. Por lo pronto han logrado colocar a su partido como el símil un desbocado caballo que pudiera atropellarnos a todos. Digo, para estar a tono.

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