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“Therian”: cuando el mundo cambia más rápido que nosotros

Confieso que me tomó por sorpresa. Mi hija Lore me aventó la broma por WhatsApp… y caí redondito. En ese momento no lo sabía, pero aquella...

Víctor Torres, director general de Línea Directa
Línea Directa | Víctor Torres, director general de Línea Directa

Confieso que me tomó por sorpresa. Mi hija Lore me aventó la broma por WhatsApp… y caí redondito.

En ese momento no lo sabía, pero aquella ocurrencia iba a abrir una conversación mucho más profunda.

“Me di cuenta de que soy ‘therian’… y te aviso porque de ahora en adelante me verás con máscara de gato y caminando diferente. Ya hasta aprendí a maullar”.

Y acto seguido… el maullido.

Mi primera reacción no fue de enojo ni de burla, fue de desconcierto. De esos silencios incómodos que delatan que uno ya no entiende del todo el idioma de las nuevas generaciones.

Y entonces, le pregunté lo básico:

—¿Qué significa eso, ser “therian”?

La respuesta llegó con seguridad. “Es una identidad, no una moda. Son personas que se identifican internamente con un animal”.

Respiré. Y le dije algo que hoy sigo creyendo correcto: mientras no te haga daño ni te complique la vida, adelante.

Pero la conversación me dejó pensando.

Porque más allá de la anécdota que terminó en risas, el fenómeno “therian” sí está tocando puertas en escuelas, hogares y espacios digitales.

Como explica el experimentado psicólogo Juan José Díaz en la nota de Julieta Tolosa: se trata de un fenómeno social vinculado a la pertenencia a comunidades, especialmente entre jóvenes que buscan identidad, aceptación y sentido de grupo.

Y aquí está el verdadero punto.

Muchos adultos reaccionamos tarde, mal o desde el prejuicio. Nos burlamos, lo minimizamos o lo satanizamos sin entender qué hay detrás. Pero tampoco se trata de normalizar todo sin reflexión. El reto, como casi siempre, está en el equilibrio.

Los “therians” no son, en sí mismos, un problema clínico generalizado. La mayoría de los especialistas coinciden en que hablamos más de expresión identitaria y dinámica comunitaria que de un trastorno. Sin embargo, sí es un fenómeno que exige atención adulta responsable.

¿Por qué?

Porque estamos frente a una generación que construye identidad en entornos digitales, con códigos propios y velocidades emocionales distintas. Y cuando los adultos no entendemos, se abre una brecha peligrosa: la del silencio y la desconexión.

Ni alarma moral… ni indiferencia. Lo que nos toca es acompañar, observar y, sobre todo, dialogar.

Preguntar antes de juzgar.

Escuchar antes de etiquetar.

Orientar sin ridiculizar.

Porque al final del día, más que máscaras de gato o maullidos virales, lo que muchos jóvenes están diciendo, de formas que a nosotros nos parecen extrañas, es algo muy humano.

“Quiero pertenecer”.

“Quiero ser visto”.

“Quiero que me entiendan”.

Y ahí, nos guste o no, la responsabilidad sigue siendo de los padres.

La pregunta no es si entendemos a los “therians”.

La pregunta es si estamos dispuestos a entender a nuestros jóvenes… antes de que la distancia con ellos se haga mayor.

Fuente: Internet

Fotografía de perfil de Víctor Torres

Víctor Torres

Columnista

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