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2026

El 2026 arrancó con intensidad, sin dar tregua para reflexionar o adaptarnos. El año comenzó de manera complicada en los ámbitos local, nacional e internacional. A...

Analista y columnista Línea Directa.
Juan Ordorica. | Analista y columnista Línea Directa.

El 2026 arrancó con intensidad, sin dar tregua para reflexionar o adaptarnos. El año comenzó de manera complicada en los ámbitos local, nacional e internacional. A nivel global, la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses sacudió al mundo entero, generando ondas expansivas que llegaron a prácticamente todos los rincones del planeta. México, por su proximidad geográfica y vínculos históricos con Venezuela, se encuentra más cerca del epicentro de esta crisis de lo que muchos imaginan, lo que podría implicar repercusiones diplomáticas, migratorias y económicas inesperadas.

En México, aunque el descarrilamiento del Tren Interoceánico ocurrió a finales de diciembre de 2025 en Oaxaca —con un saldo trágico de al menos 14 muertos y más de 100 heridos—, sus consecuencias siguen manifestándose en los primeros días del año. El gobierno federal ha intentado minimizar el impacto, enfocando la narrativa en investigaciones judiciales y enfriamiento de responsabilidades, pero la negligencia evidente en mantenimiento y seguridad no puede borrarse. Este siniestro pone en evidencia las fallas en los megaproyectos prioritarios y genera desconfianza en la infraestructura nacional.

En Sinaloa, el arranque del año no ha sido mejor. La violencia intramolecular se mantiene viva y activa, con reportes de múltiples homicidios en los primeros días —incluyendo ataques armados en Culiacán, Navolato y Mazatlán—. El conteo de víctimas sigue en aumento, y no se vislumbra un panorama prometedor para la paz y la tranquilidad de los sinaloenses, quienes continúan atrapados en un ciclo de inseguridad persistente.

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Sacando del armario la bola de cristal y utilizando el pasado como punto de partida, quiero hacer un pequeño análisis de lo que considero serán los escenarios para el 2026 a nivel local, nacional y federal:

Mundo:

El 2026 podría marcar el resurgimiento del espíritu imperial estadounidense bajo la administración Trump. Con acciones audaces como la intervención en Venezuela y la captura de Maduro, Washington parece decidido a imponer nuevamente las reglas en el tablero global, priorizando el unilateralismo sobre el multilateralismo. Groenlandia emerge como un foco clave de tensión: Trump ha reiterado su interés en adquirir el territorio danés por razones de “seguridad nacional” —minerales raros, bases militares árticas y contrarrestar a China y Rusia—, incluso sin descartar opciones militares, aunque preferentemente mediante compra. Europa intentará actuar como contrapeso, pero sus divisiones internas y debilidades económicas la hacen cada vez menos influyente. Rusia y China aprovecharán las fracturas en Occidente para avanzar en sus esferas de influencia, consolidando un mundo polarizado en bloques antagónicos donde los equilibrios tradicionales han quedado obsoletos.

México:

El gobierno federal enfrentará un año lleno de desafíos y dolores de cabeza constantes. La revisión conjunta del TMEC en julio de 2026 será un punto crítico: no se trata de una ratificación nueva, sino de decidir si extender el tratado por 16 años más allá de 2036. La incertidumbre persiste, con presiones estadounidenses por ajustes en resolución de disputas, cadenas de suministro y temas laborales/ambientales. Las grandes inversiones seguirán eludiendo al país si no hay claridad, perpetuando la trampa de bajo empleo formal y el auge de la informalidad. En seguridad, las amenazas desde Washington —exigiendo un combate más frontal al crimen organizado— podrían escalar, obligando al gobierno mexicano a elegir entre ceder soberanía o arriesgar intervenciones aisladas, como operaciones encubiertas o presiones migratorias, para alinearse con las políticas dictadas desde el norte.

Sinaloa:

Lamentablemente, la guerra entre facciones criminales no dará tregua en 2026. El conteo de muertos continuará, con víctimas colaterales —civiles inocentes— convirtiéndose en notas efímeras en los medios. La impunidad seguirá reinando, sin avances significativos en investigaciones o justicia. Los sinaloenses permaneceremos en un estado de resignación colectiva, aceptando la violencia como un “karma” inevitable en lugar de exigir cambios estructurales. Políticamente, se definirá el candidato o candidata de Morena para la gubernatura, mientras la oposición continúa fragmentada y sin fuerza real, incapaz de capitalizar el descontento ciudadano.

El 2026 se perfila como un año de transiciones abruptas y tensiones acumuladas. A nivel global, el retorno al unilateralismo estadounidense redefine alianzas y equilibrios, obligando a países como México a navegar con cautela en un entorno volátil. Nacionalmente, la revisión del TMEC y la presión externa en seguridad pondrán a prueba la resiliencia del gobierno, mientras que localmente en Sinaloa la inseguridad crónica demanda una respuesta más decidida. En conjunto, este año nos invita a romper con la resignación: solo mediante unidad, exigencia de accountability y estrategias integrales podremos aspirar a un futuro menos turbulento. El cambio no vendrá solo; dependerá de nuestra capacidad para actuar ante lo inevitable.

¿Usted que espera para 2026, amable lector?

Fuente: Internet

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Juan Ordorica

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