En Sinaloa, el panorama político rumbo a las próximas elecciones parece definido antes de que comience la contienda. No se observa ningún movimiento con la fortaleza, organización o presencia territorial suficiente para competir con Morena y sus aliados en la renovación de la gubernatura, el Congreso del Estado y los ayuntamientos.
El partido en el poder no ha perdido el ritmo. Mientras sus estructuras siguen en movimiento con afiliaciones permanentes, formación de comités y presencia constante en colonias y comunidades, los partidos opositores parecen resignados a la inercia. Morena, aún con el desgaste natural del ejercicio del poder, mantiene una maquinaria electoral activa que le da ventaja incluso antes del arranque formal del proceso.
La oposición: sin rumbo ni liderazgo
En contraste, los partidos tradicionales —PAN y PRI— atraviesan por un largo letargo. No se han recuperado de sus derrotas, pero tampoco han mostrado voluntad para hacerlo. Las dirigencias estatales parecen más concentradas en sobrevivir políticamente que en reconstruir sus bases o reconectar con la ciudadanía.
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Lejos de plantear proyectos o liderazgos nuevos, los grupos internos siguen peleando por las migajas del poder: las candidaturas plurinominales. Es decir, buscan garantizarse una posición sin pasar por el juicio del voto popular. Esa actitud refleja no solo una falta de estrategia, sino una renuncia tácita a competir en serio.
Un terreno sin contrapesos
La ausencia de una oposición sólida tiene consecuencias que van más allá del resultado electoral. Sin contrapesos reales, el ejercicio del poder pierde equilibrio y se debilita la rendición de cuentas. El Congreso y los cabildos se convierten en extensiones del Ejecutivo, no en espacios de deliberación y debate político.
De mantenerse esta tendencia, Morena podría conservar la mayoría legislativa y la mayoría de las alcaldías sin mayor esfuerzo. Hoy por hoy, no parece que los partidos opositores tengan posibilidad de disputar más de tres o cuatro de las veinte presidencias municipales que estarán en juego.
Nuevos actores, viejos dilemas
En el caso de Movimiento Ciudadano, el crecimiento nacional del partido aún no se refleja de manera clara en Sinaloa. Falta saber si contará con cuadros competitivos y una estructura local que le permita aspirar a algo más que mantener el registro.
El Partido Sinaloense (PAS), por su parte, vive su etapa más incierta. Alejado de la fuerza que le dio la Universidad Autónoma de Sinaloa, y en medio de un contexto político donde la máxima casa de estudios se ha deslindado de cualquier proyecto partidista, el reto del PAS será sobrevivir.
Democracia en riesgo
La política, como la vida, no tolera el vacío. Y en Sinaloa, la oposición ha dejado el terreno libre. No deja de ser decepcionante que los dirigentes de los partidos tradicionales carezcan de creatividad, compromiso y autocrítica. La democracia necesita competencia para crecer; sin oposición, se estanca.
Por ahora, todo indica que la verdadera contienda electoral en Sinaloa no será entre los partidos, sino al interior de Morena, en la lucha por las candidaturas que definirá su futuro político.
Pero ese será un tema que abordaremos próximamente.