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Sinaloa: Reinventarse en la Línea de Fuego

Sinaloa se encuentra hoy frente a un espejo que no devuelve una imagen grata. No es solo el estruendo de la violencia lo que debería quitarnos...

Analista y columnista Línea Directa.
Juan Ordorica. | Analista y columnista Línea Directa.

Sinaloa se encuentra hoy frente a un espejo que no devuelve una imagen grata. No es solo el estruendo de la violencia lo que debería quitarnos el sueño, sino el silencio de una economía que, si no se sacude la inercia, corre el riesgo de volverse irrelevante. El peor de los escenarios no es que la crisis de seguridad continúe mañana; el verdadero desastre sería que, cuando el humo finalmente se disipe, nos demos cuenta de que seguimos aferrados a un modelo económico del siglo pasado, vulnerable y estático, mientras el resto del mundo ya cambió de juego.

Históricamente, nos hemos refugiado en el título de “El Granero de México” como si fuera un blindaje contra cualquier mal. Y es cierto: nuestra agricultura es el corazón que bombea sangre al estado. Sin embargo, hemos cometido el error de tratar al campo como un techo cuando debería ser nuestra plataforma de lanzamiento.

En un estado donde el territorio suele estar en disputa, depender exclusivamente de la materia prima es una temeridad. La agricultura no debe ser criticada, debe ser blindada y enriquecida. No podemos seguir siendo solo los que siembran y cosechan para que el valor agregado se genere en otros estados o países. La reinvención exige que el surco se encuentre con el laboratorio. Necesitamos una agroindustria de alta gama donde la biotecnología y el procesamiento ocurran aquí, generando empleos que no dependan solo del jornal, sino del intelecto.

Para dejar de ser rehenes de la coyuntura, Sinaloa debe abrazar al menos tres nuevas vocaciones que sirvan como motores de repuesto cuando el principal falle:

Energías Renovables y el “Hub” del Hidrógeno Verde: Con los niveles de radiación solar que tenemos y nuestra extensión costera, Sinaloa debería estar liderando la transición energética. Producir energía barata y limpia no solo atrae industria pesada, sino que nos vuelve autosuficientes frente a cualquier colapso de infraestructura nacional.

Economía del Conocimiento y Servicios Digitales: El talento sinaloense es brillante, pero hoy es un producto de exportación. Necesitamos que ese talento desarrolle software y ciberseguridad desde Culiacán o Los Mochis. El código no paga “impuesto de paso” ni se pierde en los bloqueos; fluye por fibra óptica hacia mercados globales.

Manufactura Avanzada y Dispositivos Médicos: Aprovechando la mano de obra calificada que ya sale de nuestras universidades, debemos transitar hacia la creación de componentes de precisión, un sector que exige recintos fiscalizados y seguridad controlada, menos vulnerable a la volatilidad del entorno rural.

Durante décadas hemos vivido del Mito de la Ubicación Estratégica. Es hora de romper con uno de nuestros mitos favoritos: la supuesta “ubicación privilegiada”. Nos encanta repetir esa frase en los foros económicos, pero la geografía es terca. Sinaloa es, en la práctica, una isla logística. Estamos a más de 1,500 kilómetros de los verdaderos centros de consumo, ya sea hacia el Valle de México o hacia la frontera norte. Esa distancia no es solo una cifra; es un costo de flete que nos quita competitividad y una vulnerabilidad que nos deja aislados ante cualquier cierre carretero.

Nuestra “estrategia” no puede seguir basándose en la cercanía física que no tenemos, sino en la conectividad digital y marítima eficiente. Si no somos capaces de acortar esas distancias con tecnología e infraestructura portuaria de vanguardia, seguiremos siendo el patio trasero, lejos de donde se toma el dinero y se toman las decisiones.

Seamos directos: el capital no tiene patria y tiene muy poca paciencia. El peor escenario es la fuga silenciosa de empresarios sinaloenses cansados de ser el cajero automático del caos. La clase política y empresarial debe dejar de jugar a los bomberos, apagando fuegos de corto plazo con boletines de “resiliencia” que ya nadie cree. Ser “los buenos” no genera nóminas.

Sinaloa es mucho más grande que sus cicatrices. Tenemos la infraestructura hídrica y una cultura del esfuerzo envidiable, pero la bravura sin visión es solo terquedad. La reinvención no es una opción de lujo; es nuestra tabla de salvación. Si la economía no evoluciona para saltar esos 1,500 kilómetros de aislamiento y las barreras de la violencia, el futuro de nuestro estado no se escribirá en los balances financieros, sino en la sección de nota roja perpetua. Es ahora o nunca.

¿Usted qué opina, amable lector? ¿Le apostamos al futuro o nos quedamos cómo estamos?

Fuente: Internet

Fotografía de perfil de Juan Ordorica

Juan Ordorica

Columnista

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