Sin motivo

Por un “protocolo poco conveniente de un juez” una mujer ha perdido la vida. El asesino de Abril Pérez Sagaón fue puesto en libertad sin motivo alguno. Un nuevo feminicidio se hincha como costra y siguen preocupados por los monumentos.

Dijiste que no, que no había problema. Que todo era un mal entendido y que la situación se arreglaba de la mejor manera. Dinero, cambio de protocolo y menos papelería engorrosa. No hay cosa más terrible que eso, comentaste. Todos te escucharon. No más recursos burocráticos, el Estado no debe gastar en cosas sin sentido, inútiles. Basura y pérdida de tiempo es lo que provoca. No había por que seguir reteniendo al inculpado. Diste la orden. No hace falta retenerlo aún más, le reafirmaste a tus compañeros que de nuevo escucharon, asintieron y acataron la orden. Al fin y al cabo tú eres el juez. Sí, todo es un mal entendido. Libertad para él. Es una víctima más de este sistema judicial que acarrea úlceras y muchos desvelos. Es mejor dejarlo libre, no hay cupo para hombres como él en estas cárceles de mierda. No merece un trato como este. No hay motivo. Lo viste bien vestido, de anteojos. Tiene buena pinta, le dijiste a tu secretaria que no movió ni lo ojos cuando te escuchó decir “La tipa que lo denunció por violencia intrafamiliar debe estar loca, míralo, no mata ni una mosca el pobre. Un fideo que no levanta una piedra para asustar un perro”.

Después de eso te fuiste saliste de la sala de juicio rumbo a casa con un pequeño zumbido en la cabeza y que hacía que tu alma se aferrara a una idea: no hay delito que perseguir, en muchos de los casos las situaciones se arreglan en las cuatro paredes de una recámara. La privacidad alimenta el juicio. Un regocijo te recorrió el cuerpo como un exprés en la nieve. Manejaste por el inmenso tráfico de las 6 de la tarde en una ciudad donde las luces y los destellos se aferran a los ojos. Un monstruo poco angelado para un juez de tu altura. De joven, toda una promesa de la abogacía. Una prominencia, escuchaste decir a uno de tus maestros de Derecho civil que vio el potencial en tus argumentos. Maestría, Doctorado, Post doctorado. Llegaste a casa y tus hijos, te recibieron con un abrazo después de terminar la tarea. Los mandaste a dormir temprano, recién bañados y pensaste en su futuro y én lo pequeño e indefensos que son en este mundo que parece un lobo. Mañana será otro día. Pensaste en el mal día que habías tenido, en los casos tras casos; divagaste por un momento y el aroma de un salmón alcaparrado que tu esposa te preparó para la cena te regresó a la realidad. Devoraste todo el menú con el acompañamiento de un excelente vino que hizo en tu nariz un concierto.

Él se fue a casa después de que lo dejaste libre. No dudo un poco. Su mano de fideo tomó el cuchillo y el filo brotó como un destello, igual que las luces de la ciudad que se aferran a la pupila. Ella no pudo defenderse. Su cuello no soportó la fuerza de los debiluchos brazos que dejaste en libertad. Ella no está con nosotros. Te habla su cadáver desde el ataúd y te dice: No hay motivo para la libertad.

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