Siembran problemas

A reserva de las modificaciones que se le puedan hacer en la Cámara de Diputados al Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2020 en su apartado para el campo, los productores, y particularmente los sinaloenses y de otros estados que practican la agricultura comercial, no tienen motivos para estar precisamente felices.

Rubros de gran impacto para el campo como el denominado Programa Especial Concurrente, el Programa de Apoyos a la Comercialización y Sanidad e Inocuidad, a reserva de conocer más a detalle el documento, son severamente disminuidos en la propuesta original del ejecutivo para 2020.

El propio presidente de la Confederación de Asociaciones de Agricultores del Estado de Sinaloa (CAADES), Gustavo Rojo Plascencia, alertó del demoledor golpe que se plantea a la agricultura.

Incluso es la Secretaría de Agricultura la dependencia más afectada por el recorte, manteniendo la tendencia de los últimos años. De los 72 mil millones de pesos que le presupuestaron para 2018, se bajaron a 65 mil millones de pesos en 2019 y ahora proyectan solo poco más de los 46 mil millones de pesos. Reducción de una tercera parte en dos años.

Uno de los renglones más relevantes dentro del presupuesto federal al campo para los agricultores de Sinaloa es el de la comercialización. Para 2019 a ese rubro se le presupuestaron 6 mil 700 millones de pesos, de acuerdo a CAADES, mientras para este 2020 los datos que se tienen es que solo le asignaron 130 millones de pesos.

Hay un punto en materia de agricultura en el que la propuesta presupuestal se incrementa sustancialmente: el Programa de Precios de Garantía a Productos Básicos. Pero eso resulta engañoso, partiendo de que excluye a la agricultura comercial como la que se practica en Sinaloa, al contemplar un máximo de 5 hectáreas de riego y 20 toneladas de producción, por lo que los agricultores sinaloenses en automático quedan fuera.

Nadie se opone a que se apoye a los campesinos más vulnerables, los más desprotegidos, pero no se puede aceptar que sea avasallando a quienes sí producen, con todos los sacrificios y riesgos, los alimentos que los mexicanos consumimos.

Porque el impacto no es solo a quienes se dedican a la agricultura, sino a todas las actividades que se nutren se la venta de productos y prestación de servicio al campo. Catastrófico golpe a la economía del estado, con masivo cierre de negocios, disminución en la recaudación fiscal y pérdida de empleos.

Bien por los programas sociales del gobierno federal, por el de apoyo a los discapacitados, el de las pensiones universales para adultos mayores, e incluso por el cuestionado Jóvenes Construyendo el Futuro, Sembrando Vida, o las famosas Tandas, pero que no se descuide a los mexicanos que producen en medio la permanente incertidumbre.

Es el punto que hace brotar la sospecha sobre la verdadera intención de crear verdaderos ejércitos de beneficiarios de esos programas, porque la gratuidad de los apoyos hace que surjan masas muy vulnerables a la manipulación electoral.

Hay tiempo para que pudieran hacerse algunos cambios a este proyecto de presupuesto presentado por el ejecutivo, pero con un legislativo, desde siempre, tan proclive a seguir la orden del amo, no se vislumbra una lucha fácil para los agricultores sinaloenses.

Por lo pronto, pareciera que en vez de sembrar alimentos están sembrando votos, como en el pasado.

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