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Si perdemos el grado de inversión podría detonarse una fuerte crisis

Desde el año 2000, México es un país con grado de inversión, pero ya estamos a un paso de perderlo. El expresidente AMLO dejó la hacienda...

Héctor Avilés Ochoa
Línea Directa. | Columnista Héctor Avilés Ochoa.

Desde el año 2000, México es un país con grado de inversión, pero ya estamos a un paso de perderlo.

El expresidente AMLO dejó la hacienda pública prendida de alfileres. Durante su sexenio, el gobierno incurrió en crecientes déficits presupuestarios, esto es, operó con un exceso de gasto. En el 2024, al finalizar su gestión, se registró el mayor déficit público de los últimos 35 años, que representaron casi seis puntos porcentuales como proporción del PIB.

El problema de fondo cuando se incurre en un elevado déficit en las finanzas públicas es que inevitablemente aumenta la deuda. Al cierre del gobierno de Enrique Peña Nieto, la deuda pública fue de 10.6 billones de pesos (bdp). Al concluir la administración del presidente López Obrador ya sumó 17.4 bdp. En tan sólo seis años, el endeudamiento público creció un 64 por ciento.

La construcción de sus obras emblemáticas como fueron el Tren Maya, la refinería Dos Bocas, el Aeropuerto Felipe Ángeles, el Tren Interoceánico, demandaron una enorme cantidad de recursos presupuestales y se construyeron con grandes sobrecostos. La puesta en marcha de los   exitosos programas sociales del Bienestar también ha implicado un mayor y creciente gasto público.

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Lejos de disminuir, estos problemas presupuestales han seguido complicándose. El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum no ha logrado reducir el déficit de las finanzas públicas; ni tampoco frenar el aumento de la deuda pública.

El año pasado, el déficit fiscal no se ajustó lo suficiente y cerró cerca de 5 por ciento como proporción del PIB. La SHCP informa que, al 31 de marzo de 2026, la deuda del gobierno federal ascendió a 20.1 bdp; frente a 19.7 bdp al cierre de 2025.

Las principales agencias calificadoras, que evalúan los riesgos crediticos a nivel mundial, están cada vez más preocupadas por los crecientes desequilibrios de las finanzas públicas de México. Observan que estos problemas  no se corrigen; que significan un mayor riesgo y ya nos están castigando, bajando sus calificaciones.

El pasado 12 de mayo, ante los riesgos de una muy lenta reducción en nuestro déficit presupuestal, la calificadora Standard and Poor’s modificó su perspectiva sobre la deuda soberana de México; la pasó de “estable a negativa”.

Pero este 20 de mayo,  la agencia Moody’s nos impuso una advertencia todavía más fuerte y   degradó  la calificación crediticia del gobierno federal.

Lo riesgoso de esta modificación es que deja a nuestro país a un paso de perder el grado de inversión; en la antesala de entrar a la categoría de especulativa o chatarra; donde todos los títulos de la deuda de México tendrán que pagar tasas de interés más altas.

Como uno de las principales razones de esta degradación se señala el caso de Pemex.

La agencia Moody’s calcula que, en el 2025, el gobierno le transfirió aproximadamente 35 mil millones de dólares (mmdd). Para este 2026 ya tiene presupuestado más apoyo presupuestal, con otros 14 mmdd. Pemex se ha convertido en un verdadero barril sin fondo y mientras no mejore su operación se le tendrá que seguir rescatando.

La evaluación de México como un país de creciente riesgo crediticio a nivel mundial, ya se nos está convirtiendo en todo un problema sistémico.

Moody’s también rebajó la calificación de los bancos privados más importantes y de dos instituciones estratégicas de nuestra banca de desarrollo. Degradó las notas de BBVA México, Banorte, Banco Santander México, Banamex, Banco del Bajío, Bancomext y Nafin. La consecuencia inmediata para estos bancos será un aumento en su costo de fondeo internacional; eso significa que conseguir recursos en el exterior será más caro.

Este es el principal costo a pagar cuando un país pierde su grado de inversión. El costo del crédito aumenta para todos.

Si el gobierno federal, de los estados y municipios necesitan contratar más deuda pública tendrán que pagar una mayor tasa de interés. Lo mismo sería para todas las empresas privadas.

En el caso de los millones de familias y consumidores mexicanos, para cada uno de nosotros,  también enfrentaremos condiciones de financiamiento más costosas. Comprar a crédito una vivienda, un carro, financiar una beca educativa, usar las tarjetas para pagar bienes y servicios, todo nos resultará todavía más caro y difícil.

De momento, Moody’s nos bajó la calificación, pero nos colocó en una perspectiva “estable”, porque considera que México todavía tiene algunas fortalezas como son su estabilidad macroeconómica; la autonomía del Banco de México; una moneda fuerte;  y una envidiable integración comercial con la economía más dinámica del mundo, que es la de Estados Unidos.

La buena noticia es que México todavía conserva el grado de inversión.

La mala, es que ya no tenemos mucho margen para seguir sosteniendo estas decisiones públicas erráticas; que nos acercan cada vez más al precipicio.

Fuente: Internet

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