¡Seamos serios!

El tener la oportunidad de servir a la gente desde el gobierno debe ser, además de una extraordinaria responsabilidad, un gran privilegio que obliga a quien tiene esa oportunidad, de hacerlo con el más alto sentido del honor, seriedad, disponibilidad y actitud. Los ciudadanos merecen y demandan un trato digno, cortes y prudente. Es lo […]

Periodista sinaloense con más de 30 años de experiencia en medios escritos y electrónicos. Editorialista de Línea Directa, escribe la columna Tiempo de Opinión y conduce El Cerrojo de Línea Directa en su emisión Guasave.

El tener la oportunidad de servir a la gente desde el gobierno debe ser, además de una extraordinaria responsabilidad, un gran privilegio que obliga a quien tiene esa oportunidad, de hacerlo con el más alto sentido del honor, seriedad, disponibilidad y actitud.

Los ciudadanos merecen y demandan un trato digno, cortes y prudente. Es lo que menos esperan de parte de quienes los atienden desde el servicio público.

No se puede servir en base a ocurrencias. Quien tiene ese privilegio de servir a los demás debe de entender que la línea que separa al afán de ser simpático del grotesco ridículo es muy delgada.

Queremos funcionarios públicos serios, que inspiren confianza, de buen trato y solidarios. Lo peor que nos puede pasar como ciudadanos es que en aras de aparecer simpáticos, graciosos o divertidos, esos novatos y engreídos servidores públicos caigan en payasadas.

Hay muchos casos recientes que encajan perfectamente en el rango mencionado, pero me remito al más cercano. En la víspera del Día de la Bandera, la delegada del gobierno federal en Guasave, Yocelyn Hernández Jiménez, consideró que “deberíamos cambiar al águila del escudo por un ganso”, aprovechando una fotografía del regalo que en Campeche le hicieron al presidente de la república de dos animalitos de esta especie.

Lo hizo en sus públicas redes sociales. No se trata de falta de sentido del humor. Ocurrencias así nos han arrancado alguna sonrisa cuando vienen de ciudadanos que no forman parte de la estructura de gobierno, y que por ese solo hecho están obligados a ser cuidadosos de las formas, de lo que dicen y de lo que hacen, mesurados y cautelosos, sin que ello los obligue a ser circunspectos permanentes.

Tampoco nos asustamos de ello, pero es pertinente, creo, un llamado a la prudencia. Muy lejos de ser simpática, pareció a muchos de muy mal gusto la inoportuna impertinencia.

No fue algo que le pareciera gracioso a la gente, aparte de a los incondicionales ansiosos de ganarse sus simpatías en espera de que ella sea factor para alcanzar algún trabajo en el gobierno. Es entendible.

La gente desea un mensaje diferente. De mayor madurez de parte de quienes hoy juegan un rol relevante desde el servicio público.

¡Seamos serios! Un buen trabajo desde una instancia de gobierno va mucho más allá de decir chistoretes en espera de que se los festejen.

Son cosas que la ciudadanía agradece mucho.

Comentarios