¿Se repetirá la historia?

Culiacán, 15 de junio 2020. En octubre de 2008, analistas locales y por entonces defeños (ahora se llama Ciudad de México) advertían que el PRD, con dirigencias que venían actuando al margen del interés partidario, feudos de limitada influencia que hacen efectiva en la negociación turbia, el clientelismo y cabildeo, interno y externo, iba a la debacle.

Se ilustraba una fundada presunción de entreguismo y venta de adhesiones desde la cúpula del partido y todo eso configuraba un panorama previsible para el PRD, tanto a nivel nacional como particularmente en Sinaloa: una caída estrepitosa en el terreno electoral y el riesgo, en el mediano plazo, de la pérdida del registro, coincidían incluso militantes críticos con analistas independientes.

La cuestión se ilustraba de manera muy clara en la forma en que se definían las candidaturas plurinominales, tanto a nivel federal como local; los acuerdos con agentes externos al partido, en reuniones donde se decidían acciones que lesionaban la imagen y la presencia del PRD.

Voces internas y externas advertían que la situación se tornaba todavía más grave porque, según todo indicaba, a los dirigentes no les importaba el destino del partido, “sino el beneficio suyo propio” y “actúan como infiltrados para seguir desmantelando lo que queda de rescatable”.

Tiempo después, muchos de los críticos internos no escuchados se irían a Morena y no pocos de los que se quedaron admiten lo que pasó.

EN EL DESCRÉDITO POLÍTICO

Si a nivel nacional la pérdida de credibilidad del PRD representaba un grave problema político, eso se agravaba en Sinaloa donde sus dirigentes habían sumergido al partido en el “descrédito político” pues se pasaron “empantanados en luchas por los puestos y en la simulación” y en “componendas con el gobierno”, lo que trascendía a la opinión pública.

Se percibía como “una lástima”, que los dirigentes abandonaran los movimientos sociales y no hicieran nada verdaderamente importante ante los graves problemas de los sinaloenses.

Quienes habían llegado al Congreso del Estado, eran personajes “que todo quieren resolver con golpes publicitarios, para ganar espacios en los medios, mientras no atienden lo fundamental”, nos declaraba por esos días Manuel Arredondo.

Se les acusaba entonces de “gastar sus energías en componendas con el gobierno en turno y que, así, no es posible que remonten su problemática situación partidista y menos aún que sirvan para algo al país y al estado”.

El tema viene a colación por lo que está sucediendo, toda proporción guardada, con el partido o movimiento de Morena.

El partido de AMLO no tiene que andar buscando complots y conspiraciones afuera, el peligro lo tiene a su interior. Todavía hay tiempo de actuar y corregir.

No hay de otra, la historia se puede repetir en su caso.

EL INFUMABLE BUROCRATISMO

A otros temas: la modernidad, ya se sabe, es ante todo una actitud mental. Se pueden tener mil artefactos y adelantos tecnológicos, pero si la mentalidad sigue siendo retrógrada, de nada sirven.

Es lo que sucede con la burocracia en prácticamente todos los espacios públicos, incluyendo instituciones y organismos donde, se supone, hay mayor apertura y preparación para el trato civilizado.

El síndrome de la antesala afecta a muchos ciudadanos que se ven obligados a acudir a las oficinas de funcionarios que, para empezar, con o sin pandemia, rara vez están en sus espacios para cumplir con la obligación de atender al público que paga sus muy altos salarios.

Lo común es que esos funcionarios públicos anden, en casi todo momento, a la cola de sus jefes, haciendo de porristas y perdiendo miserablemente el tiempo que debieran dedicar a atender los asuntos propios de su función.

La culpa es compartida: de la punta de lambiscones que se montan en el cabuz de lo que sea y de sus jefes, que requieren del aplauso fácil, de la alabanza inane.

Debería prohibirse esa práctica y obligarlos a la atención ciudadana, como lo mandata la Constitución General de la República. Acabar con ese cortesanismo ramplón que raya en la vulgaridad y es un atentado a la civilidad.  

EN EL TINTERO

-Imparable la violencia, robos, asesinatos; Tepuche, Jesús María, Mojolo, Culiacán, donde sea. Guardia Nacional, Ejército, Marina, policías de todos colores, jurisdicciones y etiquetas, todos, ampliamente rebasados por la delincuencia y sin remedio a la vista.

-Hasta el mes pasado, el Indicador de Confianza del Consumidor (ICC) bajó a 32.2 unidades, 9.9 puntos menos que en marzo de este año y 13.3 que en abril del año pasado.

-Caos, confusión, información sesgada o falsa, un sistema de salud a todas luces ineficiente, plagado de carencias y con los mismos vicios de siempre, configuran una problemática que rebasa al coronavirus.

-Esta columna aparece en “Vértice de Sinaloa” (verticedesinaloa.net); Línea Directa (https://www.lineadirectaportal.com); Didáktica (http://www.didaktica.com); Sitio Telles (http://www.jorgeluistelles.com); “voces del periodista”, revista del club de periodistas de México (vocesdelperiodista.com.mx) y Síntesis de prensa, de Héctor Muñoz. (cano.1979@live.com).

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