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Se pierden en casa

“Los niños no se pierden en la calle, se pierden en casa”. Es una frase tajante. La pronunció la socioterapeuta familiar en adicciones Karina Vallejo, al señalar...

Víctor Torres, director general de Línea Directa
Línea Directa | Víctor Torres, director general de Línea Directa

“Los niños no se pierden en la calle, se pierden en casa”. Es una frase tajante. La pronunció la socioterapeuta familiar en adicciones Karina Vallejo, al señalar que muchas adicciones juveniles tienen una raíz más profunda que la simple exposición al entorno externo: el desapego emocional dentro del hogar.

Es una invitación a replantear nuestras explicaciones habituales sobre por qué un hijo, un sobrino, un familiar cae en el consumo de drogas: no sólo por influencias externas, sino por lo que sucede -o falta- en el espacio donde debería sentirse seguro.

En su análisis, Vallejo destaca que muchas crianzas poco saludables no saben qué hacer actualmente ante las adicciones. Identifica que drogas como el fentanilo, las metanfetaminas y la marihuana están entre las más consumidas por adolescentes, mientras que, en mujeres jóvenes, el alcohol es la sustancia más común, incluso normalizada por las propias familias. Y esto no es anecdótico: donde hay abandono emocional, puede haber acceso y tolerancia.

La pregunta que abruma a muchos padres ¿por qué mi hijo consume drogas? no tiene solo una respuesta, pero sí patrones comunes: estilos de crianza carentes de presencia afectiva; falta de diálogo, límites y acompañamiento en procesos vitales; indiferencia ante señales de malestar que terminan siendo cubiertas con sustancias. El problema -explica Karina Vallejo- no está en la calle primero, sino en el vacío que se vive en casa.

Por eso, la especialista coordina una capacitación de Consejería Familiar en Adicciones para integrar a servidores, centros de rehabilitación y familiares, con el objetivo de identificar causas, favorecer dinámicas sanas y mejorar las circunstancias que generan disfuncionalidades en el hogar.

Este enfoque no niega los factores sociales: la disponibilidad de drogas, la violencia estructural, las redes sociales. Pero sí ubica el abandono emocional como uno de los elementos más consistentes en quienes terminan cayendo en el abuso de sustancias. Cuando un niño o adolescente no encuentra afecto en casa , la calle ofrece respuestas más inmediatas aunque muchas veces destructivas.

La reflexión es dura, pero necesaria: si queremos prevenir adicciones, no basta con vigilar calles o puntos de venta de drogas. Es imprescindible reconstruir vínculos afectivos, enseñar a las familias a responder con presencia, atención y empatía. No es un problema solo de los jóvenes: es un llamado a revisar la calidad de nuestras relaciones más cercanas.

 

Fuente: Internet

Fotografía de perfil de Víctor Torres

Víctor Torres

Columnista

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