Requiem por un moribundo

Hoy el Partido Revolucionario Institucional (PRI) cumple 91 años de su fundación. Lo hace en medio de la más grave crisis existencial, financiera y de credibilidad de su historia. Y poco hacen desde sus elites para revertirla, o cuando menos pararla.

Al contrario, a casi dos años de la también más aplastadora derrota que ha sufrido en estas nueve décadas, parece que quienes tienen la responsabilidad de mando en todos los niveles, los liderazgos que deben conducir a los creyentes que aún le quedan, se encuentran en lo que parece una burbuja dentro de la que no se dan cuenta, o no quieren darse cuenta, que están en una especie de fase terminal, cuando menos si no hacen cosas inteligentes y diferentes a las que han hecho.

Que forma más cara del PRI de pagar por los innumerables casos de corrupción de quienes a través de él alcanzaron el poder. Hoy abatido, reducido y denostado no parece dar señales recuperación. Cava con su inacción su propia tumba.

Política y matemáticamente el PRI no está muerto, pero parece que muchos priistas creen que sí, y así actúan.

Con todo y la crisis que enfrenta el partido otrora con todo el poder y dueño de los más abusivos excesos aún gobierna para cerca de 50 millones de mexicanos en 12 estado del país, aunque muy mermado en el Congreso de la Unión con solo 46 diputados federales y 14 senadores de la República.

En Sinaloa el PRI y sus aliados circunstanciales, entre ellos el Partido Verde, gobierna en 9 de los 18 municipios y cuenta con 8 diputados locales.

Hoy en algunos municipios de Sinaloa, con más compromiso que convicción y con notables ausencias de muchos de los que por el PRI escalaron a espacios del poder, hicieron desairados actos conmemorativos, donde faltó la autocrítica y el examen y señalamiento a quienes hoy ostentan el poder.  

Cuando la oposición debe ser de confrontación, contestataria, combativa, parece sumisa, temerosa, timorata e incapaz de hilvanar una crítica fuerte hacia al gobierno, por más evidentes que sean los excesos y errores en los que este incurra. Hacen todo lo contrario de lo que hicieron quienes los desplazaron del poder.

Si no reaccionan, darán pleno aval y vigencia a lo que ha dicho una y otra vez el Presidente Andrés Manuel López Obrador de ellos: que están moralmente derrotados.

Lo que el 4 de marzo de antaño era motivo de fiesta, hoy no parece ser otra cosa que una misa de cuerpo presente.

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