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Reformar o endeudarse: el dilema de la política fiscal

Según el Informe Monitor Fiscal 2025 del Fondo Monetario Internacional, titulado La política fiscal en un contexto de incertidumbre, la política fiscal mundial atraviesa momentos críticos....

Araceli Tirado
Foto: Cortesía. | Araceli Tirado, profesora e investigadora.

Según el Informe Monitor Fiscal 2025 del Fondo Monetario Internacional, titulado La política fiscal en un contexto de incertidumbre, la política fiscal mundial atraviesa momentos críticos. Enfrenta presiones crecientes para aumentar el gasto, al mismo tiempo que se deterioran las perspectivas de crecimiento, se elevan los riesgos y aumentan los costos de financiamiento.

Las tensiones comerciales, sumadas a la ambigüedad de muchas políticas económicas, dificultan seriamente las proyecciones fiscales. Se estima que la deuda pública aumentará en 2.8 puntos del Producto Interno Bruto en 2025. Las economías involucradas incluyen a China, Estados Unidos, Alemania, Australia, Arabia Saudita, Brasil, Indonesia, Francia, México, Italia, Reino Unido, Sudáfrica y Rusia, que en conjunto representan el 75 % del PIB mundial.

Se espera que los niveles de deuda sigan creciendo si los ingresos y la actividad económica continúan a la baja, especialmente en un escenario marcado por mayores aranceles y elevada incertidumbre. En Europa, por ejemplo, la incertidumbre geoeconómica podría incrementar aún más la deuda pública, sobre todo si aumentan los gastos en defensa.

En el caso de los mercados emergentes, sus economías podrían resentir más el entorno financiero restrictivo y volátil de Estados Unidos, lo que se agravaría con mayores costos de financiamiento y menores precios de las materias primas.

Si las tasas de interés resultan más altas de lo anticipado, podrían reducirse los recursos disponibles para gastos esenciales como prestaciones sociales o inversión pública. A ello se suma el impacto combinado de los déficits fiscales elevados en Estados Unidos, la débil demanda interna en China y el estancamiento de la productividad, configurando un panorama de riesgos fiscales crecientes.

En este contexto, la racionalización del gasto en los mercados emergentes y en desarrollo debe ser una prioridad, así como el incremento de ingresos mediante reformas fiscales. Además, es indispensable mejorar la administración de los ingresos públicos como eje de cualquier estrategia de política fiscal.

La planificación fiscal y la elaboración de pronósticos macroeconómicos son componentes esenciales de la eficiencia fiscal de los países. Por ello, se prevé que en el corto y mediano plazo se impulsen reformas fiscales y estructurales con el objetivo de reactivar el crecimiento económico. Una reforma tributaria y del gasto bien diseñada e implementada puede estimular el empleo y la inversión.

La clave está en mejorar la eficiencia del gasto, especialmente en áreas como salud, educación e infraestructura, para fortalecer la capacidad productiva de los países. En el contexto actual resulta crucial orientar la política fiscal tanto a la reducción de la deuda pública como a la ampliación de las reservas ante la presión creciente del gasto.

Finalmente, el reto fundamental de los gobiernos -en medio de la incertidumbre y la polarización- es reconstruir la confianza social, garantizar sistemas tributarios justos y gestionar los recursos públicos con inteligencia y responsabilidad para alcanzar un crecimiento sostenible.

Fuente: Internet

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Columnista

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