Las redes sociales están impactando fuertemente en la salud mental. Recientemente, un juzgado multó a Meta y YouTube por causar adicción en un joven y dañar su salud mental, lo cual puede sentar un precedente en materia de responsabilidad.
El Mental Health Europe (MHE) ha realizado diversas investigaciones sobre los riesgos y oportunidades de la era digital. La evaluación fue diseñada para crear conciencia de los riesgos que vienen y poder minimizar sus impactos. MHE enfatiza una visión para que los países europeos prioricen la salud mental en la era algorítmica bajo un enfoque de derechos humanos. Se trata de innovar con la formulación de políticas públicas justas.
Entre los riesgos que destacan sobresalen la conexión entre el uso de redes sociales y la ansiedad, depresión, soledad, pensamientos suicidas y autolesiones.
Este informe deja de manifiesto que las redes sociales no pueden reemplazar las conexiones humanas reales y cómo las personas que pasan más tiempo en redes generan más soledad y aislamiento debido a la falta de contacto físico. Otro de los factores es el famoso FOMO, el miedo a perderse algo, aunado a la comparación constante por lo que se ve y se percibe en redes sociales.
Otro de los grandes desafíos presentes en las redes sociales son los abusos y el ciberacoso derivado de lo que se comparte, ya sean pensamientos, ideologías o simplemente fotografías. El recibir constantemente notificaciones también genera agotamiento y hace cada día más difícil la concentración.
En un documental sobre redes sociales en una plataforma de streaming, expertos señalan que estas fueron diseñadas para que las personas pasen mucho tiempo en ellas. Por ello, el éxito se mide por cuánto tiempo permanece un individuo conectado. Las redes sociales fueron desarrolladas con conocimientos sobre neurociencia, inteligencia artificial y psicología conductual; la idea es que siempre permanezcamos conectados. Como ejemplo, se encuentran los chats que permiten comunicarnos constantemente y a todas horas en cualquier parte del mundo.
En diciembre de 2025 Australia se convirtió en el primer país en regular las redes sociales: impide a los menores de 16 años tener cuentas, obliga a las plataformas a verificar la edad y contempla multas cercanas a los 50 millones de dólares australianos. En Europa se ha elevado la mayoría de edad digital: España en menores de 16 años, Francia con un mínimo de 15 años, Grecia y Eslovenia establecieron vetos para menores de 15 años, Noruega y Dinamarca la elevan a 15 años, y Portugal exige autorización de los padres entre los 13 y 15 años.
En Estados Unidos, el marco jurídico federal no lo contempla, solo el estatal: en Florida se prohíbe a menores de 14 años; en Utah y Luisiana se exige consentimiento hasta los 18 años. En Asia, países como Indonesia y Malasia discuten restricciones, mientras que China, Irán, Rusia y Corea del Norte aplican bloqueos en plataformas mediante marcos jurídicos.
El viernes pasado, Austria se unió a estos países que priorizan el cuidado y la protección de uno de los derechos fundamentales más importantes: el derecho a la salud, en este caso, la salud mental. Esta prohibición aplica para todos los menores de 14 años.
Andreas Babler, vicecanciller socialdemócrata, expresó lo siguiente: “Es casi imposible para los padres controlar el consumo de sus hijos en plataformas que están diseñadas para hacerlos conscientemente dependientes”.
La psiquiatra española Marian Rojas en múltiples ocasiones ha advertido en sus estudios y podcasts sobre los efectos negativos de las redes sociales, como la ansiedad y la depresión. Señala que están diseñadas para generar adicción y dopamina inmediata.
Alexandro López González, de la Universidad Panamericana, señala que las redes sociales están diseñadas para generar dependencia, mediante un “scroll infinito”, con notificaciones constantes y reproducción automática como sistemas de recompensa muy parecidos a los juegos de azar. Dentro de las consecuencias, señala: depresión, ansiedad, dismorfia corporal y una baja atención, de alrededor de 30 segundos en niñas, niños y adolescentes.
La era algorítmica trae consigo grandes avances, desarrollo y mejoras en varios ámbitos de nuestra sociedad. Sin embargo, es importante recordar que los gobiernos tienen el reto fundamental de garantizar la seguridad y protección en sus políticas públicas para toda la sociedad.
En el ámbito educativo se requiere incorporar en los programas y planes de estudio la alfabetización digital como una forma de conocer el alcance de las nuevas tecnologías de la información. A su vez, el Foro Económico Mundial, en su reporte sobre el futuro del trabajo, advierte que una de las fortalezas clave en la educación será la inteligencia emocional.
Por lo tanto, es fundamental que gobierno, sociedad y padres de familia, trabajen de forma coordinada, privilegiando el cuidado de la salud mental. La salud mental y la educación emocional deben formar parte de la formación de niños y adolescentes para enfrentar los nuevos desafíos.
Las niñas, niños y jóvenes son el presente de cada país y requieren formarse y capacitarse en nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, la robótica, la computación cuántica y el machine learning, entre otros.
Es necesario fortalecer las capacidades de inteligencia emocional, pensamiento crítico y salud mental. Las habilidades blandas serán la base de las nuevas generaciones: su capacidad de adaptación, resiliencia y manejo de conflictos. Estas generaciones tendrán que capacitarse constantemente en un mundo cada vez más incierto y volátil. La única constante será el aprendizaje continuo y la inteligencia emocional.
Gobiernos, empresas, sector educativo, padres y madres de familia, deben ser el eje central en el diseño y manejo de la seguridad y protección en esta nueva era algorítmica. El límite a las redes sociales difícilmente estará solo en los marcos jurídicos; la solución debe ser compartida: conciencia, sensibilización y educación con un enfoque en el respeto y protección de los derechos humanos, en este caso, el cuidado de la salud mental.
La pregunta obligada es:
¿Están los gobiernos preparados para regular y proteger la salud mental en la era algorítmica?