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¿Quo vadis Universidad?

Si en educación no hay óptimos, pues siempre estará ese proceso dentro de lo perfectible, sí debe haber mínimos y para ello es necesario contar con...

Jorge Guillermo Cano
Jorge Guillermo Cano | Jorge Guillermo Cano

Si en educación no hay óptimos, pues siempre estará ese proceso dentro de lo perfectible, sí debe haber mínimos y para ello es necesario contar con determinadas condiciones de base previa, los puntos de partida indispensables para plantearse metas superiores a la situación de origen.

En la planeación educativa la fase del diagnóstico, sobre cuya base se construyen las propuestas estratégicas, es indispensable para ubicar la problemática a enfrentar en un nuevo escenario.

Uno de los problemas centrales de la planeación universitaria en nuestro país consiste en que se fijan objetivos para cuya concreción se requieren ciertas condiciones, y en tanto que éstas no se crean previamente, o no se corrigen los desfases que las impiden, a la postre los objetivos quedan con una mera carga declarativa y no se pueden lograr. Se planea, entonces, en un contexto de figuraciones.

Primero, la función designada

Las instituciones, como parte de su responsabilidad y condición de funcionamiento efectivo, tienen que atender esos mínimos indispensables que permiten avanzar en el logro de las metas; si no se tienen, entonces hay que proveerlos antes de iniciar las tareas tendientes al logro de los objetivos.

La fase diagnóstica, así, aparece con todo su peso e importancia central en el proceso de la planeación.

Ahora bien, si de los desafíos institucionales se trata, lo que procede es ubicar, en primer término, el sentido que se reconoce a la institución, su papel designado en el entorno de referencia, sus condiciones de operación y todo en contraste con los requerimientos de la situación emergente a la que se quiere responder. Los desafíos institucionales, visto así, han de ser terrenales, dentro de lo probable más que de lo posible.

Crear las condiciones de base

Podemos aquí retomar la idea con que inicio: en educación no hay óptimos, toda vez que se trata de un proceso siempre perfectible e inacabado por naturaleza, pero sí debe haber mínimos de base, condiciones de entrada o como se les quiera denominar a esos factores que hacen factible el decurso del proceso (educativo) en las mejores condiciones probables.

Hay desafíos de matriz interna y externa, pero todos están mediados por la necesidad de respuesta de la institución frente al entorno en el que se inscribe. Un desafío consiste en la provocación que el entorno (tanto el interno como el de extramuros) lanza a la institución para que enfrente su problemática y responda a condiciones inéditas o sustancialmente distintas a lo que se venía dando.

También, para que mejore lo que viene haciendo, para que supere sus fallas y para que imagine y promueva alternativas, visiones y sentidos innovadores en su quehacer.

Pero en la idea de la ausencia de óptimos y de proceso perfectible por naturaleza, que es la educación, se pueden encontrar múltiples desafíos, diversos y complejos. De lo que se trata es de ubicar aquellos que corresponden efectivamente al ámbito de referencia, en sus alcances y probabilidad de respuesta.

Buscar alternativas a la problemática

En general, los principales desafíos que se presentan a nuestras universidades tienen que ver con su participación en la búsqueda de alternativas a la problemática social (en sentido amplio), es decir, su respuesta a los requerimientos del mundo actual, que debe darse con un mínimo aceptable de eficiencia (tendiendo siempre a incrementarlo).

El mejoramiento sustantivo de las dinámicas, estrategias y procesos de enseñanza-aprendizaje (incorporando los avances en el campo y aquellos susceptibles de aplicación); la diversificación de la oferta educativa y la flexibilización de los programas de formación subprofesional y profesional (atendiendo las particularidades del contexto en el que participarán los egresados).

De esos ejes se puede desprender una amplia gama de aspectos particulares y sobre el asunto regresaré en la próxima entrega.

En el tintero

– Cualquier senador gringo, y particularmente los republicanos, se siente superior a los mandatarios del “tercer mundo” que desprecian y, sin quitarle ni ponerle, en su mayoría son una runfla de patanes ignorantes.

– Era un globo de fiesta el que las agencias gringas, tenidas por muy capaces, confundieron con un dron y armaron tremendo escándalo, hasta cerraron el espacio aéreo de El Paso, Texas. Pero la tragicomedia trumpiana sigue a todo vapor.

– Los principales concesionarios privilegiados del muy lucrativo negocio aéreo en México son el Grupo Aeroportuario del Sureste (Asur), el Grupo Aeroportuario del Pacífico (GAP) y el Grupo Aeroportuario del Centro Norte (OMA, que opera el de Culiacán, entre otros).

– Seguirán cobrando a destajo lo que les dé la gana, mientras los dejen. ([email protected]).

Fuente: Internet

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