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Quiero rodar en mi bicicleta

Culiacán 6:00 pm Luis ajustó la correa de su casco hasta sentir la presión, la justa, la que indicaba la posición correcta de su protector. Sus...

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Culiacán 6:00 pm

Luis ajustó la correa de su casco hasta sentir la presión, la justa, la que indicaba la posición correcta de su protector. Sus guantes, de color negro, se apretaron a sus manos, como un plástico adherible que toma la forma de lo que toca. Su jersey especial, de ciclista, hacían que Lance Armstrong fuera una sombra tenue ante el reflejo que lanzaban los aparadores de las tiendas del centro de su ciudad. La oscuridad de sus lentes hacía más intenso el brillo del sol. Encendió su teléfono, buscó entre sus discos digitales y los audífonos silenciaron el mundo. Por su  pabellón auricular Freddie Mercury saltó al escenario con un atuendo blanco, brillante, que parecía un estoperol gigante: I want to ride my bicycle, bicycle, bicycle, I want to ride my bicycle, mientras los coros del resto de la banda hacían un pasaje angelical.

Cantó mientras los kilómetros quedaban atrás, como una esperanza de que su corazón se ensancharía con la tarde y el tenue calor que empezaba a subir por su cuello hasta hacerlo sudar. Surcó la avenida rumbo al norte, a la entidad deportiva donde se “disfruta” de la bicicleta.

Por la acera de enfrente, rumbo al sur, Juan, con su canasta de metal sobre la parrilla de su bicicleta, espera que las tortillas no salten hasta la tierra con los pequeños botes que se han formado gracias al mal estado del pavimento. Él siente el mismo temblor que Luis en las pantorrillas, cuando el pedal se siente duro. Pedalea intensamente como en espera de encontrar un respiro. No trae casco protector,  ni traje especial de Costco, ni audífonos para silenciar el mundo. Se sabe vivo cuando las bocinas encendidas de una carnicería le arrojaron a La Sonora Dinamita hasta la avenida, donde Lucho Argaín, vestido con un traje café, cantaba: Carmen se me perdió cadenita. Con el cristo del nazareno. Que tú me regalaste Carmen. Luis no lo pudo escuchar porque Freddy Mercury alcanzaba su tono más alto.

A Luis, las torretas de una patrulla, lo hicieron detenerse y arrojar los audífonos al piso para que Queen se escapara hacia el norte. A Juan lo esposaron, hacia el sur, como un delincuente, mientras las tortillas se endurecían al entrar en contacto con un frío que lo empezó a congelar aunque estuviéramos a 35 grados.  Los curiosos voltearon para otro lado. Uno se atrevió a enfrentar a los uniformados.

-Son las leyes- dijo un policía cachetón que tenía la cara roja por el calor y empuñaba su arma.

Juan y Luis despertaron a su realidad cuando dos agentes de tránsito, levantaban la infracción por manejar su bicicleta sin licencia. Dijeron en la radio que si era cierto. Que alguien lo había pensado y que esa tarde se había cumplido, como quien sueña con tener un poco más de poder sobre la gente.

Los audífonos en el pavimento siguieron vivos: I want to ride my bicycle, bicycle, bicycle, I want to ride my bicycle.

Twitter @EliudVelazquez

Facebook Eliud Velázquez Barba

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Fuente: Internet

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