¿Qué pasa en el IMSS?

En muchas ocasiones hemos comentado que con todas sus carencias, la única alternativa que tienen los millones de mexicanos económicamente más desprotegidos es el acceso al sistema de salud pública para no morir de pobres, de enfermedades fácilmente curables con una atención adecuada y oportuna.

Lamentablemente, ni eso fue suficiente para la niña Cristina, quien falleció la tarde del lunes de esta semana, horas después de que se le negara la atención en la clínica 32 del Instituto Mexicano del Seguro Social en Guasave.

Esto es muy grave, y exige una intervención inmediata de las autoridades superiores para que aclaren debidamente qué fue lo que pasó, y se castigue a quienes hayan sido responsables de una negligencia si fuera el caso.

Hay en el IMSS, me consta, en el área médica y administrativa, personal sumamente comprometido, con alto sentido social, sensibilidad humanitaria y solidaridad con los pacientes, por lo que ante todo esto, surgen interrogantes inevitablemente: ¿Alguien está llevando demasiado lejos la tan llevada y traída austeridad, sacrificando obligaciones tan delicadas que tiene el Estado mexicano? ¿Están recortando recursos a salud para destinarlos a programas sociales políticamente más rentables? ¿Qué lugar ocupa la salud de los más pobres dentro de las prioridades del actual gobierno federal? ¿No son suficientes los recursos y no van a incrementarlos?

Y luego en automático y de inmediato se presenta una relación con un hecho reciente. Hay un párrafo políticamente demoledor y entendiblemente inquietante en la carta renuncia del ex director del IMSS, Germán Martínez: “Los niños que padecen cáncer y esperan su tratamiento, quienes viven a la espera insulina, las poblaciones de la diversidad sexual que reclaman antirretrovirales, y los millones de enfermos que se atienden en nuestras clínicas y hospitales, no merecen ni un minuto de rebatingas de poder”.

Y otro que es también una denuncia de la pretensión de intromisión en el manejo del IMSS: “No soy lambiscón, ni barbero de nadie. Yo seguiré su ejemplo (presidente AMLO): tampoco yo seré florero en el IMSS de decisiones tomadas fuera del IMSS”. ¿Quién, entonces, maneja el IMSS, y bajo qué criterios? ¿El endurecimiento del procedimiento para la atención de los pacientes que llegan solicitando ayuda es parte de estos cambios en la institución y ordenados a los trabajadores?

Y cuando suceden en el Seguro Social situaciones tan impactantes como el de la niña Cristina, es momento de preguntar qué es lo que se está haciendo en materia de salud y la relevancia que ésta tiene dentro del gobierno de la llamada Cuarta Transformación. Esta es también la oportunidad de saber qué es lo que está pasando en el IMSS y cómo nos pega a los mexicanos y particularmente a los derechohabientes.

Con la salud de los ciudadanos no se juega. Las omisiones de la autoridad en ese renglón desnuda a un gobierno, cualquiera que sea su nivel, color, ideología o procedencia partidista, como carente de sensibilidad en necesidades elementales de los gobernados, principalmente de aquellos económicamente más vulnerables, que tienen en los servicios de salud pública que presta el Estado casi siempre la única posibilidad de sobrevivir cuando enferman.

Una muerte impacta, cualquiera que sea el caso, pero más si se trata de una niña que pudo ser salvada y no lo fue, pese a que acudió a pedir el auxilio de la institución de salud a la que su familia suponía estaba afiliada y con los derechos a ser atendida.

Insisto. Esto es muy grave. Se debe ir hasta las últimas consecuencias, pero sobre todo garantizar a la sociedad que no se repetirá un hecho tan reprochable como este.

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