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Puñalada mortal a la Liga Expansión

A unas horas de que empezara a rodar el balón en el Torneo Apertura 2026, la Federación Mexicana de Futbol y la Liga MX han decidido,...

Luis Alfonso Félix, columnista
Luis Alfonso Félix | Foto: Línea Directa

A unas horas de que empezara a rodar el balón en el Torneo Apertura 2026, la Federación Mexicana de Futbol y la Liga MX han decidido, finalmente, quitarse la máscara y darle la puñalada mortal por necesidad a la Liga de Ascenso.

Lo que durante años se disfrazó como una “medida temporal y de transición” tras la pandemia, se ha consumado de manera oficial y definitiva en el reglamento de competencia a partir de ¡YA!

Pero la estocada final no vino sola. El nuevo reglamento trajo consigo una sorpresa mayúscula: la eliminación de las multas económicas para los tres peores equipos de la tabla de cocientes. Aquellos polémicos castigos de 80, 47 y 33 millones de pesos que pretendían simular una “presión competitiva” han pasado a mejor vida.

A partir de hoy, la Liga MX es oficialmente un club privado sin consecuencias para la mediocridad.

Bajo el argumento histórico de proteger las inversiones de los dueños y “estabilizar” financieramente a los clubes, la gente de pantalón largo ha transformado la Liga en un modelo de liga cerrada, similar al de la MLS o NFL.

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Con este plumazo reglamentario, franquicias que arrastran años de pésima gestión deportiva ya no tendrán que preocuparse por vaciar sus cajas registradoras al final del año futbolístico. El mensaje es más claro que el agua: la mediocridad en la cancha sale completamente gratis.

Ahora habrá que preguntarnos lo siguiente: ¿qué sentido tiene la Liga de Expansión con este acuerdo? Esta es la gran interrogante que deja en el desamparo a plazas históricas de nuestro futbol como Morelia o Leones Negros, solo por citar algunos.

Si no hay premios al campeón, si no existe el ascenso, y ahora, si ya no hay dinero de las multas para alimentar el fondo de estabilización… ¿para qué diablos existe entonces la división de plata?

La Liga de Expansión (cuyo nombre sale sobrando ahora), ha quedado reducida a tres tristes escenarios:

El Primero: convertirse en un torneo de “sparrings y fogueo, sin derecho a ascender, en una sucursal de desarrollo para que los equipos de Primera División fogueen a sus jóvenes sub-23 y futbolistas descartados.

Segundo: un pozo financiero sin retorno. Atraer inversores a un equipo de Expansión hoy en día es vender un boleto para un viaje sin destino. Sin el incentivo de llegar al máximo circuito, donde se encuentran los verdaderos ingresos por derechos de televisión y patrocinios, meter dinero a esta división es, empresarialmente hablando, sin ningún sentido.

Y, tercero: un futbol sin pasión. El sueño del futbolista de ascenso siempre ha sido la ilusión de tocar el cielo. Al arrebatarles esa narrativa, las gradas de la Liga de Expansión corren el riesgo de vaciarse por completo, dejando estadios históricos convertidos en desiertos de concreto.

El aficionado mexicano no es tonto. Despojar al torneo del drama que genera la lucha por no descender y privar a los equipos de divisiones inferiores de su derecho a soñar, es atentar directamente contra el interés del espectáculo.

A mediano plazo, la Liga MX peligra con adormecer su nivel competitivo aún más. Cuando no hay nada que perder y el castigo económico desaparece, la complacencia se vuelve la norma. Se avecinan torneos largos y tediosos en las zonas baja de la tabla, con partidos que no importarán a nadie más que a los contadores de los clubes involucrados.

Fuente: Internet

Fotografía de perfil de Luis Alfonso Félix

Luis Alfonso Félix

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