En Rebelión en la Granja, George Orwell teje una fábula política que desnuda cómo los ideales de igualdad y justicia pueden corromperse cuando el poder seduce a quienes lo ostentan. Los animales de la Granja Manor, hartos de la opresión humana, se rebelan y establecen el Animalismo, un credo basado en siete mandamientos que prometen equidad y cooperación. Sin embargo, los cerdos, liderados por Napoleón, traicionan esos principios y se convierten en los mismos tiranos que antes condenaban.
Este paralelismo resuena con los excesos de algunos actores del gobierno mexicano que, tras criticar al viejo régimen, incurren en prácticas que contradicen sus promesas de austeridad, transparencia y servicio al pueblo. Los mandamientos del Animalismo, como: “Todos los animales son iguales”, “Ningún animal dormirá en una cama” o “Ningún animal beberá alcohol”, reflejan el anhelo de erradicar jerarquías y privilegios. En un inicio, los animales sueñan con un mundo justo, libre de explotación. De manera similar, la Cuarta Transformación (4T) llegó al poder en 2018 con un discurso de revolución moral, prometiendo acabar con la corrupción, el nepotismo y los excesos de la clase política. Sus principios —“No mentir, no robar, no traicionar”— y el compromiso con la austeridad republicana y la justicia social inspiraron a millones de mexicanos que anhelaban un país sin privilegios para las élites.
No obstante, tanto en la ficción como en la realidad, el poder tiende a engendrar contradicciones. En Rebelión en la Granja, los cerdos se apropian de los mejores recursos mientras los demás animales padecen hambre. En México, aunque no todos los integrantes de la 4T han traicionado sus ideales, casos de nepotismo y favoritismo en algunos gobiernos estatales y municipales ligados al movimiento evocan esa misma imagen. Nombramientos de familiares o allegados en puestos clave contradicen el discurso de lucha contra la corrupción, generando una percepción de hipocresía que erosiona la credibilidad del proyecto.
Un ejemplo reciente de esta contradicción es la percepción que generan los viajes al extranjero de algunos políticos mexicanos, quienes, en las últimas semanas, han sido señalados por realizar giras internacionales que contrastan con el discurso de austeridad de la 4T. Mientras los animales de la granja veían cómo los cerdos se instalaban en la casa del granjero, disfrutando de lujos que negaban a los demás, estos viajes, a menudo percibidos como innecesarios o excesivos, recuerdan la desconexión entre los líderes y las necesidades del pueblo. En lugar de priorizar la cercanía con los ciudadanos y la gestión eficiente de los recursos, algunos políticos parecen emular a los cerdos de Orwell, adoptando privilegios que contradicen el credo de igualdad y servicio que prometieron defender, lo que refuerza la sensación de que los ideales iniciales se diluyen en el ejercicio del poder.
Orwell nos enseña que el poder corrompe cuando los ideales se subordinan a los intereses personales. En la granja, los animales creyeron que sus líderes trabajarían por el bien común, pero los cerdos se convirtieron en una nueva élite. En México, muchos ciudadanos se preguntan si ciertos morenistas son realmente distintos de los políticos del pasado que tanto criticaron. La respuesta no está en abandonar los ideales, sino en exigir coherencia y rendición de cuentas.
Los mandamientos del Animalismo fueron manipulados porque los animales no los defendieron con suficiente fuerza. En nuestro país, la ciudadanía debe ser la guardiana de los principios de la 4T, asegurándose de que sus líderes no se transformen en los “cerdos” de esta historia.
Rebelión en la Granja nos advierte que el poder embriaga, y sin un contrapeso, los ideales se desvanecen. La 4T no puede quedarse en promesas vacías. Si sus líderes aspiran a ser diferentes, deben actuar con integridad y no caer en la tentación de ser “más iguales que los demás”. Como en la novela de Orwell, el riesgo es que, al final, miremos de los cerdos a los hombres y de los hombres a los cerdos, y ya no podamos distinguir quién es quién.
¿Usted qué opina, amable lector? ¿Qué tan puercos se volvieron los políticos del Poder?