En un momento en que Culiacán necesita más que declaraciones y buenas intenciones, el Plan Municipal de Desarrollo 2025–2027 -aprobado por unanimidad por el Cabildo- representa algo más que un trámite administrativo: es una hoja de ruta que, si se aplica con firmeza, podría marcar el inicio de un cambio verdadero.
El documento contempla proyectos de infraestructura urbana como la pavimentación de calles y la construcción de ciclovías, dos rubros en los que Culiacán ha mostrado avances sostenidos en los últimos dos años.
Entre las acciones propuestas destaca una ciclovía que conectará las principales universidades con el centro de la ciudad, con el objetivo de mejorar la movilidad y fomentar un entorno urbano más accesible y sustentable.
El alcalde Juan de Dios Gámez subrayó que este plan no fue diseñado de manera unilateral. Se construyó a partir de la participación de cámaras empresariales, asociaciones civiles, instituciones educativas y ciudadanos.
Esa pluralidad no es solo deseable, es indispensable. Porque la paz no se decreta: se construye de manera colectiva.
Los proyectos incluidos -regularización de viviendas, acceso al agua potable, obras sustentables, movilidad urbana- no son concesiones, son derechos de los ciudadanos históricamente aplazados. Y cuando un gobierno decide atenderlos desde la raíz, apuesta no solo por contener la violencia, sino por prevenirla.
En un contexto donde los titulares de los medios suelen centrarse en explosivos abandonados o enfrentamientos armados, resulta necesario poner atención también en lo otro: en lo que sí se está intentando hacer bien.
Recuperar la paz en Culiacán no será nada fácil. Pero si realmente se quiere avanzar, será a través de trabajo planificado, políticas con sentido social y voluntad para transformar el entorno desde la base.
El Plan ya está aprobado. Ahora, el verdadero reto es convertirlo en realidad.