Pánico no, seriedad sí

Ante la presencia del coronavirus y la certeza de que no solo se mantendrá, sino que además se incrementará, es necesario asumir como ciudadanos una actitud muy responsable y exigir a las autoridades de salud que hagan lo propio.

Debemos ponernos en manos de las autoridades sanitarias, que se presume están actuando en función de datos científicos sobre el comportamiento de la enfermedad y no en base a ocurrencias y buenos deseos.

Pero si como ciudadanos estamos aportando la parte que nos corresponde, tenemos toda la calidad moral para exigir a las autoridades un comportamiento serio, con actitudes acordes a la gravedad del problema y a la investidura del funcionario, que sean congruentes con lo que la población está exigiendo.

Hay mucha desinformación sobre la enfermedad, con un complejo y agravante contexto de confrontación en materia política y el fácil acceso a la tecnología que permite a cualquier persona manifestar su postura con toda facilidad e incluso difundir información falsa con la intención de fomentar el caos.

No debemos caer en actitudes de pánico, pero sí pedir mucha seriedad de la autoridad.

No abona para nada, por ejemplo, el que en el mismo momento en que se reunían los titulares de la Secretaría de Educación Pública y de la Secretaría de Salud de gobierno federal, para acordar suspensión de clases para reducir riesgos de contagio, el Presidente de la República mantuviera un provocador acto masivo en el estado de Guerrero, abrazando y besando a todos, incluidos niños.

No es bueno el mensaje que se envía el mismo día en que se suspenden eventos deportivos y artísticos masivos y el mandatario nacional sigue con la misma actitud en su gira de fin de semana.

Esta postura relajada puede generar que millones de personas, principalmente quienes creen a ciegas todo lo que diga Andrés Manuel López Obrador, asuman un comportamiento similar.

Finalmente es un líder político seguido por millones de personas, que aplauden e imitan lo que él haga.

Sería gravísimo que en estos momentos de emergencia enfermara el Presidente, un hombre que por su edad y por su público antecedente de enfermedad cardiovascular, se ubica en el rango de mayor riesgo en caso de contagiarse.

Asumamos como ciudadanos nuestra responsabilidad, pero exijamos a las autoridades sanitarias y líderes políticos amplia congruencia y seriedad.

Va para el gobierno y para aquellos que agazapados en la oposición vean esta emergencia como un atractivo botín político.

El problema es grave y no pueden admitirse actos populistas de unos ni declaraciones convenencieras y malintencionadas de otros.

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