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Oposición en Sinaloa: el reto de competir

En Sinaloa, la pregunta ya no es si Morena es competitivo, sino si la oposición está en condiciones reales de disputarle el poder. Y la respuesta,...

Víctor Torres
Foto: Línea Directa. | Director General de Línea Directa, Víctor Torres.

En Sinaloa, la pregunta ya no es si Morena es competitivo, sino si la oposición está en condiciones reales de disputarle el poder.

Y la respuesta, hoy por hoy, no depende tanto del desgaste del partido gobernante, que lo hay, particularmente por la crisis de seguridad, sino de la capacidad de reacción, inteligencia política y madurez de quienes aspiran a hacerle frente. Porque competir no es solo aparecer en la boleta: es construir una alternativa creíble.

PRI y PAN han dado una señal que, en teoría, parece correcta: abrir candidaturas a la ciudadanía. El PAN incluso ha ido más allá al afirmar que no hay espacios reservados, al menos en candidaturas de mayoría. Pero el mensaje pierde fuerza cuando las plurinominales siguen siendo un espacio cerrado, controlado por las dirigencias.

Es decir, apertura con límites. Y eso, en política, se percibe rápido: si no hay una verdadera democratización interna, difícilmente habrá confianza externa.

La gran pregunta es si existen en Sinaloa perfiles ciudadanos con capacidad real de competir: con arraigo social, recursos, estructura y credibilidad. Porque no basta con ser “ciudadano” para ganar una elección. Se necesita liderazgo probado, capacidad de convocatoria y, sobre todo, independencia real de los grupos políticos tradicionales.

Ahí está el reto: encontrar perfiles que no solo sumen votos, sino que representen una ruptura con las inercias que hoy tienen a la oposición fragmentada y debilitada.

Ahora bien, una gran alianza opositora no solo es deseable, es prácticamente indispensable. Pero construirla implica algo más complejo que repartir candidaturas: exige generosidad política, renuncias y un proyecto común que vaya más allá del “anti-Morena”.

Si la alianza se limita a una suma de siglas sin narrativa, sin rumbo y sin cohesión, será fácilmente superada por un oficialismo que, pese a sus problemas, mantiene estructura, recursos y control territorial.

El equilibrio de poderes no es un lujo democrático, es una necesidad. Sin contrapesos reales, el ejercicio del poder tiende a concentrarse, a cerrarse y eventualmente a perder capacidad de autocrítica.

Una oposición fuerte no solo sirve para competir en elecciones, sino para vigilar, cuestionar y corregir. En ese sentido, lo que está en juego no es solo quién gana, sino cómo se gobierna.

La crisis de seguridad en Sinaloa abre, sin duda, una ventana de oportunidad para la oposición. El desgaste del partido gobernante es evidente. Pero las elecciones no se ganan por el error del adversario, sino por el acierto propio.

Si la oposición no logra articular una propuesta seria, con candidatos sólidos y una estructura territorial efectiva, ese desgaste se diluirá en la jornada electoral.

Porque, al final, la política sigue teniendo reglas básicas: las elecciones se ganan con estructura, con recursos y con buenos candidatos. Y hoy, la oposición en Sinaloa tiene el diagnóstico claro, lo que falta es demostrar que también tiene la capacidad de construir la solución.

Fuente: Internet

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