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Nuestra Señora de las Iguanas, nuestra señora de la fotografía

Hay imágenes que dejan de pertenecer a una fotógrafa para convertirse en patrimonio visual de la humanidad. Nuestra Señora de las Iguanas, de Graciela Iturbide, es una de ellas.

Nuestra Señora de Las Iguanas y diploma del Premio Princesa de Asturias
De izquierda a derecha: Nuestra Señora de las Iguanas (1979); diploma del Premio Princesa de Asturias de las Artes otorgado a Graciela Iturbide en 2025, ambos en la exposición Fijar el tiempo | Fotos: Alejandra Larrondo

Hay imágenes que dejan de pertenecer a una fotógrafa para convertirse en patrimonio visual de la humanidad. Nuestra Señora de las Iguanas, de Graciela Iturbide, es una de ellas.

El ojo de Graciela, en su momento mentoreado por uno de los grandes exponentes de la fotografía, Manuel Álvarez Bravo, es único. Con un lenguaje visual en blanco y negro, cargado de atmósferas entre lo gótico y lo místico, Graciela ha construido imágenes donde conviven personas, paisajes y animales que parecen custodiar los territorios de lo sagrado. Pájaros, cabras, gallinas, insectos y reptiles aparecen una y otra vez como símbolos de vida, muerte, transformación y memoria. Entre todos ellos, la iguana ocupa un lugar importante.

Pero ¿qué representan las iguanas y por qué son tan relevantes en la obra de Graciela Iturbide?

La respuesta comienza con el azar. La propia fotógrafa ha contado que en 1979 recorría el mercado de Juchitán, Oaxaca, cuando encontró a Sobeida Díaz, una mujer zapoteca que vendía iguanas. Vestida con el tradicional traje del istmo, llevaba varios reptiles sobre la cabeza, como si se tratara de una medusa mexicana. Iturbide le pidió fotografiarla y, en cuestión de segundos, nació una de las imágenes más importantes de la fotografía de los siglos XX y XXI.

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La imagen es poderosa por su composición, pero también por la carga simbólica que contiene. La mujer parece una virgen, una reina o una deidad ancestral. Las iguanas dejan de ser simples animales para conectar el mundo terrenal con el de los mitos.

Y es que, dentro de la cosmovisión mesoamericana, las iguanas poseen un significado profundo. Para los mayas, representan al dios Itzamná, señor del cielo y del día; la creación y la conexión entre distintos planos: la tierra, los árboles, el cielo y el inframundo.

Algunos relatos tradicionales narran incluso que el Señor Iguana y la Señora Iguana enterraron dos huevos, de los cuales nacieron el Sol y la Luna, convirtiendo a este animal en protagonista del origen del cosmos. Otras narrativas, registradas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), relacionan a las iguanas con los linajes primigenios y con el nacimiento de la humanidad.

Dentro de la representación maya también aparecen los waay, espíritus protectores o nahuales capaces de acompañar y resguardar a los guerreros. La iguana, lejos de ser un animal cotidiano, era un puente entre lo visible y lo invisible.

Quizá por eso la fotografía de Iturbide resulta tan universal. No es únicamente el retrato de una mujer del Istmo de Tehuantepec; es una imagen que condensa siglos de simbolismo, identidad y memoria mexicana.

En 2025, Graciela Iturbide recibió el Premio Princesa de Asturias de las Artes, uno de los reconocimientos culturales más importantes del mundo hispano. El jurado destacó una trayectoria que ha sabido convertir la fotografía en una forma de comprender la identidad, los rituales y la diversidad cultural de México.

Y hablando de iguanas, resulta inevitable pensar en estos meses de verano. En Sinaloa, el calor intenso, la humedad y las largas horas de sol hacen que estos reptiles reaparezcan como verdaderos dueños del paisaje. Mientras nosotros aprovechamos las vacaciones para invadir temporalmente otros destinos, ellas recuperan banquetas, árboles, jardines y muros calentados por el sol. Es como si, durante unas semanas, recordaran que ese territorio siempre les perteneció.

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No pude evitar reírme al recordar aquel episodio de Los Simpson en el que una pareja de lagartijas viaja accidentalmente en un avión y termina alterando el ecosistema de Springfield. La ficción exagera, por supuesto, pero confirma algo: pocas criaturas despiertan tanta fascinación y tantos significados como los reptiles y, para esta columnista, las iguanas.

Quizá esa sea la grandeza de Nuestra Señora de las Iguanas. Una fotografía basta para recordarnos que los animales también cuentan historias, que los símbolos sobreviven a los siglos y que el arte tiene la capacidad de transformar una escena cotidiana en un mito contemporáneo.

Pienso y siento a través del arte.

Alejandra Larrondo, julio 2026

Fuente: Internet

Fotografía de perfil de Alejandra Larrondo López

Alejandra Larrondo López

Columnista

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