No somos iguales

La corrupción, con toda seguridad, será el tema central del segundo informe de gobierno que rendirá hoy el presidente Andrés Manuel López Obrador, de ahí que el diario español El País publicara este lunes su encuesta titulada El gobierno y la corrupción, que muestra un dato que está a la vista de todos pero que cuesta tanto admitirlo y es motivo de tantas divisiones, como lo es que en México el combate a la corrupción se mide con dos varas distintas.

            Estas dos caras de la moneda se aprecian en las dos preguntas centrales de la encuesta. En el reactivo «¿Considera que las políticas del gobierno de Andrés Manuel López Obrador están sirviendo para reducir la corrupción en México o no?», la respuesta es contundente, con un 64.7% que responde que sí, contra un 32.0% que dice que no. Con estas respuestas de los ciudadanos, podemos imaginar el rostro sonriente y satisfecho de López Obrador.

            Pero en la siguiente pregunta «¿Usted cree que el gobierno persigue de la misma forma todos los casos de corrupción sin importar la inclinación política de los acusados o no?», la respuesta también es contundente, con un 60.6% que responde que no, mientras que sólo el 29.2% considera que sí. Con estas respuestas de los ciudadanos, podemos imaginar el rostro enojado y arrugado de López Obrador.

            Esa es la realidad que vive hoy en día el país, hay una justicia que es o promete ser implacable contra enemigos políticos, y otra que es o promete ser indulgente con los aliados o familiares. Esta dualidad es la que hemos visto representada con los videos de Emilio Lozoya y de Pío López Obrador. Ya lo dijo el presidente antes de cualquier veredicto judicial: aquello es corrupción, esto otro es aportación del pueblo.

            No voy a abonar al clima de encono y polarización que sobre este tema ha prevalecido intensamente en la opinión pública, sólo voy a plantear algunas preguntas que hice a amigos periodistas hace varios días, invitando a que sean respondidas de forma racional y objetiva, sin dogmas de fe que nublen nuestra razón. Helas aquí:

  1. ¿Si el dinero entregado por David León a Pío López Obrador, es una aportación lícita del pueblo, por qué se hace a escondidas y se filma con cámara oculta?
  2. ¿Por qué grababa esas entregas de dinero David León aparentemente sin el conocimiento de Pío López Obrador?
  3. ¿Si estas entregas de dinero no son un acto de corrupción, entonces por qué David León ya no será el zar anticorrupción del sistema de compra de medicinas?
  4. ¿Si el presidente pide que se transparente este hecho, por qué no ha invitado a David León a las conferencias mañaneras a que informe sobre estas entregas de dinero?
  5. ¿Si el presidente dice que esas entregas de dinero no pintan para nada en comparación con los sobornos de Lozoya, entonces no hay nada qué perseguir, o dicho de otro modo, si yo cometo un delito pero alguien más comete un delito muchísimo mayor, eso me hace a mí inocente de mi delito?
  6. ¿Quién se beneficia de este delito, Pío López Obrador que sólo era el intermediario, o Andrés Manuel López Obrador que era el destinatario?
  7. ¿Cómo definimos cuando una entrega oculta de dinero es un acto de corrupción y cuando es un acto de aportación?
  8. ¿Por qué Morena no reportó ese dinero, cuando la fiscalización de los recursos de los partidos ha sido una lucha histórica de la oposición para combatir el financiamiento oculto?
  9. ¿Si advertimos sobre lo ilegal de estas entregas ocultas de David León a Pío López Obrador, eso nos hace automáticamente defensores de los sobornos de Emilio Lozoya a legisladores de otros partidos?
  10. Y por último, ¿si nos indignamos ante estos actos de corrupción de Morena, eso nos hace adversarios de Andrés Manuel López Obrador, aunque hayamos votado por él?

            Son ya casi dos semanas desde que se difundieran el 20 de agosto estos videos de David León sin que aún se hayan respondido estas preguntas de manera sensata. Lo dicho por el presidente no son respuestas racionales, sino emocionales, dirigidas a sus millones de seguidores que las aceptan fielmente por simple dogma de fe.

            Bueno, lo único cierto y contundente que sí ha respondido el presidente y que podemos aplicar a esta realidad en la que no se juzga a todos por igual, es cuando López Obrador lo ha dicho con todas sus letras:

            «No somos iguales.»

            Dialoguemos para conocer más, que el conocimiento nos hace libres.

Twitter: @marcocesarojeda

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