No a los extremos

Son frecuentes las denuncias ciudadanas respecto a los excesos de miembros de la clase políticas, de todos colores e ideologías, que ignoran olímpicamente las medidas implementadas y los llamados a someterse a la austeridad en el desempeño de sus funciones. O que llevan las medidas al extremo de la tacañería obstaculizando el buen desarrollo de un gobierno.

A nivel federal ha sido un escándalo la escasez de medicamentos en aras del ahorro en el gasto y el combate contra la corrupción. Abundan muy tristes testimonios.

En Sinaloa hay señalamientos de servidores públicos, como los elementos de la Policía Estatal, que son sometidos a otro tipo de excesos de parte de autoridades que se van de paso en la aplicación de acciones austeras al grado de afectar el desempeño de sus funciones.

Los agentes policiacos hicieron público su malestar por la falta de pago de viáticos para solventar sus gastos en recorridos por la zona serrana, lo que les provoca que en ocasiones no tengan ni para comer.

En Guasave en cabildo se propone que ni viajes, ni gastos, ni comidas, ni asistentes sean pagados con dinero público del ayuntamiento, esto plasmado en un proyecto de reglamento de austeridad turnado a comisiones de cabildo.

Qué bueno. Se trata de eliminar los gastos onerosos que se cometían a “costillas” de las arcas municipales, pero no aplicaría en el caso de los asesores que les pagan a los regidores de ese ayuntamiento.

Claro que los excesos no son buenos. La austeridad sí, con responsabilidad, con orden. Como dice el refrán popular: Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre.

Con una actuación responsable desde el gobierno, austera, consiente, de vergüenza, de solidaridad con los gobernados, se pueden evitar muchas barbaridades, aunque resulta difícil cambiar inercias.

En política, la prudencia se agradece, la austeridad genera confianza y la moderación gana el respeto de los gobernados.

Hay momentos en que cualquier ostentación u omisión suena a insulto, a arrogancia, en los tiempos y en las formas. Hoy es el caso.

Claro que quitando muchos gastos innecesarios y excesivos tampoco sería suficiente para solucionar las carencias financieras de un gobierno, pero si se acaba con ellos se estaría enviando un mensaje de congruencia y solidaridad con los ciudadanos.

Se trata de que quienes tienen la oportunidad de desempeñarse en el servicio público no se receten los insanos privilegios que pueden tener desde el poder, pero tampoco que en nombre de la austeridad no dispongan de recursos para desempeñar adecuadamente sus funciones.

No es bueno irse a los extremos.

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