Mensajes erráticos

A cinco meses de que registró el primer caso de Covid-19 en Sinaloa, seguimos discutiendo sobre si es necesario o no, si es útil o no, si debe ser obligatorio o no, el uso del cubrebocas como medida para reducir el índice de contagios de la enfermedad.

Incluso hay corrientes que se pronuncian a favor de legislar en ese sentido, mientras que otras establecen que basta con la normatividad que ya se tiene para obligar a uso generalizado en determinados espacios.

Legislar me parece innecesario, pero creo prudente promover una mayor conciencia ciudadana sobre los efectos positivos de una medida de esa naturaleza.

La controversia se ha acentuado por los erráticos mensajes enviados desde diversas instancias de gobierno.

El subsecretario de Salud y vocero del Gobierno Federal en el manejo de la pandemia, Hugo López-Gatell, de principio desestimó la utilidad del uso del cubrebocas bajo el argumento de que no había evidencias científicas que comprobaran su eficacia.

Varios meses, cientos de miles de contagios y miles de muertes más tarde, desde su privilegiado espacio informativo dijo que sí, que era recomendable su uso y hasta se colocó uno para la fotografía.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador sólo se ha colocado uno para cumplir con el protocolo al realizar un vuelo hacia el extranjero. Desestima su uso y afirma que no se lo han recomendado sus médicos, y su postura la asumen y replican millones de sus seguidores.

El titular de la SEP, Esteban Moctezuma, compartió hace unos días un mensaje de la Unicef sobre la conveniencia del uso de este artículo y destacó que sería obligatorio al retorno a clases.

Algunas fotografías donde aparece el Presidente y parte del gabinete, muestran preocupantes y contradictorias señales sobre el asunto, al aparecer unos con y otros sin cubrebocas.

Empezando con el Presidente de la República, todos ellos son liderazgos políticos o científicos cuyo comportamiento es asumido como norma de conducta por sus seguidores y simpatizantes.

En Sinaloa, afortunadamente, desde el gobernador hasta alcaldes, emanados de todos los partidos, han enviado con el uso una señal más contundente.

Se entiende que el portar este aditamento por sí solo no es suficiente si no se suma a otras medidas preventivas implementadas, y que a muchos ciudadanos les resulta incómodo y hasta nocivo para su salud el colocárselo, pero desalentar su uso me parece innecesario.

No hubo, y no hay aún, un mensaje claro. Si esos líderes políticos y científicos, empezando con el propio López Obrador y López-Gatell, hubieran enviado una señal firme y certera desde el inicio en todo este asunto, otro sería el tema a discutir.

Son liderazgos desaprovechados, cuando menos en este rubro.

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