¿Me preocupo demasiado?

Las preocupaciones forman parte de la vida. De hecho, es un mecanismo que nos ayuda a desarrollarnos como especie y sin el cual nuestra vida sería muy diferente.

Imagina que llevas al parque a tu hijo de 5 años y de repente no lo ves por ningún lado y eso no te preocupara…seguramente no lo buscarás.

Imagínate que un día te levantas y no ves por un ojo, pero tampoco te preocupas… posiblemente tampoco irás al médico a hacerte un chequeo y ver que está pasando.

Si no nos preocupáramos toda nuestra sociedad, nuestras relaciones, nuestra manera de hacer las cosas sería muy diferente, no podríamos enfrentar las dificultades que se presentan a lo largo de nuestra vida.

Porque preocuparse forma parte del proceso de resolución de problemas.

Pero… ¿Y cuándo preocuparse se convierte en EL problema?

En muchas ocasiones estas preocupaciones no son operativas, es decir, no nos ayudan a resolver problemas, sino que ellas mismas se convierten en un problema.

Desde la psicología podemos definir el estado de preocupación como un estado de ánimo orientado hacia el futuro en el que se está dispuesto o preparado para intentar afrontar los acontecimientos negativos venideros. Esto genera un estado emocional negativo, alta activación fisiológica y sensación de que todo está fuera de control. En el estado de preocupación la atención se centra en los estímulos que podemos interpretar como amenazas.

¿Cuáles son las características de un estado de preocupación?

1.- Está orientado hacia el futuro en el que anticipamos acontecimientos negativos, es decir, hacemos anticipaciones catastrofistas.

2.- Genera un estado emocional negativo con una alta activación fisiológica, lo que se traduce en inquietud.

3.- Genera una sensación de pérdida de control. Se presenta la creencia de que no se podrán contener las consecuencias negativas.

4.- La atención se centra en estímulos relativos a la amenaza, es decir, nuestra atención se centra en comprobar las “señales” que efectivamente son prueba de que la amenaza que anticipamos es real.

Como ya lo he mencionado, el preocuparse es un proceso que hacemos todas las personas como parte importante del proceso de resolución de problemas, sin embargo, no todas las personas nos preocupamos de la misma manera o, cuando nos preocupamos no todos sentimos el mismo malestar.

¿Crees que te preocupas demasiado?, Checa si tienes estas 4 características.

 1. Tienes buenas capacidades para la resolución de problemas y la búsqueda de soluciones, pero te cuesta trabajo ponerlas en práctica.

Las personas que se preocupan demasiado tienen una capacidad extraordinaria para analizar los problemas y desmenuzarlos, también tienen una capacidad excelente para buscar soluciones, pero les cuesta ponerlas en marcha para darles solución. Son personas que tienen la atención centrada en los problemas y en darles vueltas en la cabeza. A diferencia de las personas con atención centrada en la solución que analizan el problema, evalúan el tipo de soluciones que podrían poner en marcha y se ponen “manos a la obra”.

2. No soportas la incertidumbre, no toleras los estímulos ambiguos y los tomas como negativos y entonces llegan los pensamientos catastrofistas.

Muchas de las situaciones a las que nos enfrentamos son ambiguas, por lo que las podemos interpretar de diferentes maneras. La persona preocupada tendrá tendencia a interpretar las situaciones de manera catastrófica.

Te pongo un ejemplo. Tu jefe te llama a su oficina. Esta es una situación ambigua, en realidad no sabes para que te llama y podrías interpretarlo de una manera positiva o negativa. Si eres una persona que se preocupa demasiado tenderás a interpretar esa reunión como algo muy malo, anticipando que tu jefe va a criticar tu trabajo o va a despedirte. En realidad, no sabes si quiere hablar del horario de las vacaciones o proponerte un ascenso, pero al ser una situación ambigua tu tendencia será a pensar de manera negativa.

Contando con que la vida tiene muchas situaciones ambiguas que tomarás como amenazas, tenderás a estar normalmente en estado de alerta, con el consiguiente agotamiento psicológico y emocional que eso conlleva.

3. Le das el mismo valor a las consecuencias probables que a las improbables.

Aquí, lo que se presenta es una confusión entre lo posible y lo probable. Como dice el dicho “todo es posible en esta vida”, esto es cierto, pero no todo es igual de probable. Las personas que se preocupan demasiado, suelen darle la misma probabilidad de ocurrencia a posibilidades probables o improbables.

Por ejemplo, es posible que cruzando una calle te atropelle un coche, pero no es probable, porque cuando cruzas una calle pones métodos de control para que lo catastrófico no ocurra: antes de cruzar te fijas que el semáforo te dé el pase y aunque sea así, si el coche que se acerca a ti no aminora la marcha no cruzas.

Todos ponemos métodos de control para que las consecuencias más catastróficas no ocurran, de ahí que sean poco probables.

4. Tienes una percepción distorsionada de tu capacidad para controlar problemas.

Podemos dividir los problemas en aquellos sobre los que tenemos control y sobre los que desgraciadamente no lo tenemos. Las personas que se preocupan demasiado, tienen la percepción de que pueden controlar situaciones incluso aunque no tengan ninguna o muy poca influencia en ellas.

Por ejemplo, puedes estar muy preocupado porque caerle bien a los demás e intentar agradar a todos adaptándote a lo que piensas que esperan de ti, sin tener en cuenta que la opinión que generen los demás de ti depende de sus valores, creencias y juicios.

Por otro lado, las personas que se preocupan demasiado creen que tienen menos capacidad de influencia en aquellos problemas que si pueden manejar.

Por ejemplo, puedes preocuparte por presentar una enfermedad cardiaca y pensar al mismo tiempo que no puedes hacer nada para evitar desarrollarla. Sin darte cuenta que tienes control si empiezas a comer de manera más saludable, dejas de fumar y haces algo de deporte diariamente.

Cuando somos capaces de controlar nuestras preocupaciones, nuestro nivel de ansiedad disminuye considerablemente, pudiendo así, invertir nuestra energía y recursos personales en actividades que disfrutemos y que mejoren nuestro estado de ánimo.

Si te identificas con las características de las personas que se preocupan demasiado y pasas mucho tiempo en tu día a día preocupándote por un sin fin de cosas, quizás es buen momento para comenzar a controlarlas.

Si tienes algún comentario o estas interesado en iniciar un proceso de terapia que te ayude a desarrollar tu resiliencia, envíame un mensaje de Whatsapp al 6671313403.

Juan José Díaz

Psicólogo y psicoterapeuta

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