Lozoya y los de más arriba

La noticia desde ayer ha sido la detención del ex director de Pemex en el gobierno pasado, Emilio Lozoya, lo que es calificado como un duro golpe a la impunidad y a la corrupción de esa parte de la clase política mexicana.

Algo parece que hay de eso. Pero es necesario esperar el desarrollo de este caso y las repercusiones del mismo en el trato a personajes que estuvieron por encima del hoy detenido en el organigrama.

Se debe ir hasta las últimas consecuencias en la búsqueda de castigo para quienes aprovechándose de posiciones en gobierno, de cualquier nivel, roban para amasar fabulosas fortunas para asegurar no solo su futuro, sino también el de sus siguientes generaciones.

Ojalá sea este el momento de que ya paren tantos desmanes, tanto saqueo a las finanzas públicas. Provoca profunda desilusión y tristeza en los ciudadanos ver el nivel de personajes a los que se les ha dado el poder, su enfermiza ambición, su arrogancia y tan escasa dignidad para consigo mismos. Evidentemente sus actos revelan notables desequilibrios mentales, una alta carga de locura en su comportamiento. Aquí pongo el nombre de Javier Duarte, pero hay muchos.

Si hay cómplices de Lozoya que se vaya con todo contra ellos. Que acabe ese pacto de impunidad de unos a otros para poder saquear todos el erario.

Y que no sean cínicos, porque muchos de los que hoy arremeten contra los caídos, contra aquellos que se sobrepasaron en su rapiña o cayeron de la gracia de quien ha ostentado el poder y por eso han llegado a la cárcel o están en proceso, son de la misma calaña o aún más ladrones que aquellos a los que ahora se atreven a defenestrar pero a los que ayer rendían pleitesía y aplaudían sus rapacerías.

Y que el Presidente Andrés Manuel López Obrador entienda que no basta con el hecho de que él no robe para que los demás no lo hagan. Eso es una pose insostenible y grave.

Porque si el ejemplo cundiera de esa manera, aunque a la inversa, veríamos luego a funcionarios y gobernantes de menor nivel pasando la charola a empresarios para financiar sus proyectos.

Tampoco basta tener las leyes para castigar los desmanes. Éstas ya estaban vigentes cuando el ex director de Pemex incurrió en presuntos actos de corrupción y por décadas que se han cometido saqueos desde el gobierno. Es necesario que esas leyes se apliquen.

Hay preocupantes indicios en este gobierno, de que personajes han incurrido en hechos que llevan la sospecha de la corrupción. También aquí que se vaya a fondo.

Muchos aún no quieren entender que la oportunidad de estar en el servicio público es un gran privilegio, una extraordinaria oportunidad para servir a los demás, no para llenarse los bolsillos de dinero robado al erario.

Ayer y ahora.

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