Los videos

Los groseros videos que exhibieron la vergonzosa corrupción de destacados miembros de la izquierda en 2004, fueron promovidos por el gobierno para golpear a esa creciente oposición.

Los materiales que se están divulgando ahora y que muestran esa misma práctica, pero multiplicada, en los miembros de la actual oposición son filtrados desde lo más alto del poder para desacreditar a sus opositores y ahondar la tremenda crisis de credibilidad que ya arrastran.

Igual que antes, parece que el objetivo que se persigue es inhabilitar a los adversarios con fines electorales, más que la aplicación estricta de la justicia y el castigo a quienes han incurrido en un delito.

Por eso, en ambos casos, se le ha dado más valor a la mediatización de los hechos, incluso poniendo en riesgo el apego al debido proceso. La publicación de pruebas en los medios, antes de llevarlas a las instancias formales, así lo muestra.

Como la filtración de la denuncia formal de Emilio Lozoya ante la Fiscalía General de la República en contra de tres expresidentes y muchos altos funcionarios de gobiernos pasados que habrían incurrido en actos de corrupción con gran daño al país. ¿Quién pudo hacerlo si no desde las mismas entrañas de esa institución?

Todo en su conjunto nos muestra la aterradora realidad de que tenemos una clase política rapaz, desvergonzada y deshonesta, que prioriza sus intereses para la consecución de sus fines propios, ayer y ahora, con todo el daño que se le pueda causar a la incipiente democracia y la esperanza de los mexicanos de resolver sus problemas.

Hemos sostenido siempre que la decencia del político no está en función de los colores y las siglas del partido en que milite o que lo haya llevado a una posición de gobierno. Sinvergüenzas hay en todos los partidos y con todas las ideologías.

La honestidad no es una patente exclusiva de un partido, ni la corrupción la obligada característica de los militantes de otro.

Bienvenida la lucha contra la podredumbre política, pero con intenciones de auténtica justicia e inhibición de estas prácticas insultantes, no con afanes vengativos y de control de adversarios, con absoluta seriedad y apego a los procesos legales. Que se vaya contra todos y hasta las últimas consecuencias.

Comentarios