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Los ecos de Davos en México

La semana pasada se llevó a cabo la edición anual del Foro Económico Mundial de Davos, Suiza. Esta suerte de cumbre global sobre economía, finanzas, tecnología...

Héctor Avilés Ochoa
Línea Directa. | Columnista Héctor Avilés Ochoa.

La semana pasada se llevó a cabo la edición anual del Foro Económico Mundial de Davos, Suiza. Esta suerte de cumbre global sobre economía, finanzas, tecnología e innovación convoca a una gran cantidad de jefes de Estado y líderes de las empresas más importantes del mundo.  En el año de 1990, justamente en este Foro, el presidente Carlos Salinas de Gortari tomó la decisión de cambiar el rumbo de nuestro país y plantearle al presidente de Estados Unidos, George Bush, un Tratado de Libre Comercio para América del Norte.

En la edición 2026 de Davos quedó de manifiesto la peligrosa y profunda ruptura de la geopolítica y el orden económico internacional. El presidente Donald Trump reiteró su intención de anexionarse Groenlandia, por las buenas o por las malas, un territorio que  pertenece a Dinamarca. Los gobiernos de Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y toda la Unión Europea han expresado su absoluto rechazo. En este marco, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, confrontó al mandatario estadounidense y pronunció uno de los discursos políticos más vibrantes, más audaces y valientes de este siglo XXI. Sin matices ni ambigüedades, señaló que no se vive una transición, sino una ruptura definitiva del orden internacional que prevaleció durante los últimos 70 años.

En contraste con la fuerte presencia de los líderes de Estados Unidos y Canadá, la presidenta Claudia Sheinbaum no asistió al Foro de Davos, por lo que la voz de México no se hizo escuchar en estos tiempos realmente definitorios. Vale preguntarnos si lo acontecido en Davos nos impactará; si podemos seguir ausentes de estos espacios donde se discute el presente y el futuro del mundo.

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La presidenta Sheinbaum expresó su agrado ante el mensaje de Mark Carney, pero no fue más allá de eso. Como país, tal vez no podemos adoptar una posición similar a la del primer ministro canadiense. A diferencia de México, Canadá es una de las 7 economías más grandes del mundo; es un país desarrollado, autosuficiente en materia energética y alimentaria, con amplias fortalezas en tecnología e innovación. Esa nación también es una potencia militar y ahora se ha planteado, desafiando a Washington, acercarse al gobierno de China para ampliar sus flujos de comercio e inversión.

Mark Carney se está proyectando como un gran estadista mundial, pero como nación no podemos y no debemos desafiar a los Estados Unidos, al gran imperio. Sumarnos a cualquier posición extrema nos podría resultar inmediatamente desfavorable.

El Tratado de Libre Comercio que proyectó Salinas de Gortari ha resultado en un gran logro histórico. México se convirtió en una potencia exportadora a nivel global y, en la última década, superamos, primero a Canadá y, más recientemente, a China, para convertirnos en el primer socio comercial de los Estados Unidos. Por las grandes ventajas económicas que ello significa, todos los países del mundo desearían ocupar dicho lugar.

Pero tampoco podemos sustraernos ante los enormes riesgos que tenemos por el resquebrajamiento del viejo orden internacional. En el Foro de Davos, el primer ministro Mark Carney también hizo un llamado para que los países dejen de manejar falsas etiquetas políticas; posiciones ya no apegadas a la verdad; y que en el mejor de los casos solo sirven para la simulación y sobrevivir.

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Por razones de historia y mandato constitucional, el gobierno de México recurre invariablemente al concepto de soberanía  como el principal valor político que debemos defender y preservar. Esto suena excelente en el discurso, pero en la relación con Estados Unidos nos resulta cada vez más difícil de aplicar.

Es difícil hablar de soberanía cuando el 85 por ciento de nuestras exportaciones depende del acceso a ese mercado; cuando importamos de ese país el 50 por ciento del maíz que consumimos; cuando le compramos más del 90 por ciento del gas natural que necesitamos para generar electricidad; cuando los temas de seguridad nos hacen sumamente vulnerables.

Los ecos de Davos resuenan en el mundo entero. No podemos ser indiferentes ante sus preocupantes mensajes. México debe ser más activo en el escenario internacional, romper con el injustificado aislamiento de los años recientes.

Fuente: Internet

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