Para los mexicanos, el ascenso de un compatriota a las Grandes Ligas no es solo un logro deportivo; es una satisfacción y un fenómeno que toca fibras profundas de identidad, orgullo regional y validación internacional.
De esa misma forma también debemos sentirnos orgullosos cuando la convocatoria a una organización ligamayorista no se trata de un prospecto para la pelota profesional, sino una voz cuya narrativa te transporta y construye al juego a través del micrófono colocándote en la imaginaria en una butaca especial en el escenario.
La noticia revelada por el mismo Juan Ángel Ávila de que será la voz oficial en español de los Angelinos de Los Ángeles en el big show, nos produce esa alegría y motivos para celebrar, porque en ese rubro de la crónica que hay que valorar, la historia nos dice que han sido pocos, pero muy selectos, aquellos compatriotas que a través del micrófono recibieron la oportunidad y se convirtieron en arquitectos en la narrativa del béisbol.
Lo de Avila no será un debut, sino un retorno a la mejor pelota del mundo, en la que por muchos años estuvo narrando los partidos de los Padres de San Diego antes de venir a México con Tijuana y Culiacán, para decirle a las nuevas generaciones del micrófono que también se puede cumplir un sueño de cabina en territorio estadounidense.
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Juan Angel es la validación de que el talento nacional es competitivo en el nivel más alto del sistema capitalista y deportivo del vecino país del norte, en una labor donde no solamente se trata de traducir el juego, sino de imprimirle el sabor, la terminología y la emoción que el público hispanohablante exige. ¡Bien por él!
La pelota mexicana ha tenido muchos magos del micrófono a través de su historia. Algunos de ellos tuvieron el privilegio de compartir micrófonos con auténticos “monstruos” como Buck Canel, solamente por citar uno.
Desconozco el dato exacto, pero hoy en día Eduardo Ortega (Padres en GL y Mexicali en LMP) y Oscar Soria (Diamondback y Naranjeros) parecen ser los únicos compatriotas cronistas en las nóminas ligamayorista, a cuyo circuito, en el pasado, arribaron otras voces latinas que dejaron huella como Jaime Jarrín (Ecuador) con Dodgers, Oscar “Rápido” Esquivel y Pepe “Mago” González.
La llegada de estos cronistas a las Ligas Mayores no ha sido casualidad. El estilo mexicano de crónica se distingue por tres pilares que los hicieron triunfar en aquel béisbol: la narrativa de saber pintar el cuadro, el respeto a la estadística y la conexión emocional.
Ese ha sido el impacto y la escuela mexicana en la que Ávila, desde hace muchos años, ya forma parte no como un alumno y prospecto, sino como un maestro.
Tras el retiro de Fernando Valenzuela, el “Toro” sonorense abrazó el micrófono y se convirtió en analista de los Dodgers al lado de Jarrin, ahora miembro del Salón de la Fama de Cooperstown y responsable directo de aquella “Fernandomanía” como puente cultural más importante en la historia de las Grandes Ligas para los mexicanos.
Otro que también brincó del terreno de juego a cabina, es Rodrigo López, con Arizona.