¡Liberen a Barrabás!

Llevar la impartición de justicia a una consulta pública, para que el pueblo decida si se castiga o no a un acusado, es como preguntarle a la muchedumbre si quiere que liberen a Jesús de Nazaret o a Barrabás. Y recordemos la mala decisión que tomó el pueblo en aquella ocasión.

            La historia nos ha enseñado que la justicia no debe de someterse al humor o al clamor social de las masas, sino únicamente debe de apegarse a la ley, como corresponde a todo Estado de Derecho. La justicia no es un asunto de popularidad, de simpatías o fobias de la gente, ni siquiera de los juzgadores; por ello, la imagen de la justicia es representada por una mujer con los ojos vendados que no hace caso a nada, sólo a lo que hay en la báscula que está pesando.

            Sorprende por tanto ―bueno, en realidad no me sorprende— que el presidente Andrés Manuel López Obrador insista nuevamente en que se someta a consulta pública si se enjuicia a los expresidentes de México señalados de corrupción a raíz del caso de Emilio Lozoya, pero más sorpresivo resulta que el presidente pida a la Fiscalía que difunda ampliamente en medios de comunicación y redes sociales el video de Lozoya en el que se entregan los sobornos a legisladores de varios partidos políticos, cuando ese material es parte de un expediente judicial, protegido por la secrecía de ley, y cuya filtración constituiría un delito cometido por los servidores públicos de la Fiscalía.

            ¿A qué nos lleva entonces estas peticiones del presidente? Más allá de un genuino deseo de que se haga justicia en estos casos de corrupción a gran escala que nos indigna a los mexicanos, lo que está presente es la intención de politizar la justicia, de sacar el juicio del espacio de los juzgados y tribunales donde corresponde, para llevarlo a la plaza pública, a la arenga político-electoral y al enajenamiento de los usuarios en las redes sociales. Es querer someter la justicia al humor y al clamor social de las masas.

            Antes de que se me señale como un periodista corrupto, chayotero, sujeto a nómina de gobierno, defensor del PRI-AN, debo recordar lo que ya escribí en otras ocasiones: yo voté por Andrés Manuel López Obrador no sólo en el 2018 como lo hicieron muchos jóvenes que hoy arremeten en las redes sociales contra quienes osan criticar a AMLO; también voté por él en 2006 y en 2012, cuando esos jóvenes apenas estaban en el kínder o en la primaria y ni idea tenían todavía de la política.

            Como millones de mexicanos, he votado en todos estos años por un cambio en el país, por el combate a la corrupción y a la injusticia social, por un México más democrático, por un Estado de Derecho, anhelos que sigo manteniendo y que me dan el derecho de exigir y criticar cuando no se está cumpliendo lo que se prometió. Si he votado tres veces por AMLO, esos votos nunca han sido cheques en blanco ni votos de obediencia ciega en el caudillo.

            Como ciudadano, por eso puedo criticar al presidente por el que voté cuando está haciendo cosas que van en contra del Estado de Derecho, como es el caso que nos ocupa. Y como periodista, sólo ejerzo mi deber; un periodista es el contrapeso del gobierno, es quien está obligado a criticar lo que se esté haciendo mal, aunque hayamos votado por ese gobernante. Lo contrario, un periodista-militante que no señale nada a su gobierno, no sólo es una contradicción en esencia, sino que es un fraude a la profesión del periodismo.

            Y prefiero seguir así, no importa que no me otorguen ningún Doctorado Honoris Causa. De todos modos, gracias, pero no.

            Dialoguemos para conocer más, que el conocimiento nos hace libres.

Twitter: @marcocesarojeda

Comentarios

ut justo Phasellus sed elit. commodo sit velit,