Surgen voces de inconformidad contra el Supernova Strikers celebrado el domingo en la ciudad de México. Los argumentos son que están convirtiendo el boxeo en un circo. Pero yo me pregunto: ¿acaso no se han dado cuenta que desde hace algunos años este deporte ha perdido credibilidad, seriedad y, efectivamente, lo han acreditado como un evento circense?
No podemos señalar que el boxeo como tal se está denigrando con este tipo de presentaciones, porque sus protagonistas no son pugilistas profesionales. El espectáculo del fin de semana llevó al cuadrilátero a creadores de contenido que ofrecen otro tipo de diversión, pero con las debidas reglas que respaldan a un deporte de contacto físico.
En ningún momento el Supernova fue creado para competir contra el boxeo tradicional, ni verlo como tal. Pero seguramente el reclamo surge al tocar fibras muy sensibles como el número de audiencia que ha captado y seguirá captando. El del domingo fue visto por cerca de 11 millones de personas en el mundo, algo que ninguna “pelea real” ha sido capaz de llamar la atención.
La idea del productor Miguel Angel Fox, con más de 20 años de experiencia, se ha convertido en la novedad en el tiempo de las redes sociales para liderar este nuevo formato digital que se vivió por plataformas como Youtube, Facebook, Twitch, DAZN, entre otras. Puede ser más el celo profesional que otra cosa.
Lo que vimos en el Supernova acaparó la atención de personas de todas las edades, incluyendo niños, algo que el boxeo todavía no domina, y mucho menos con el pobre espectáculo que últimamente nos han ofrecido algunos pugilistas encabezados por el “Canelo” Álvarez, cuyos combates si son dignos de un circo. No lo digo yo, lo aseguran los aficionados.
Y es que entre los combates que dejan mucho que desear, los arreglos, las cláusulas y las decisiones erróneas de algunas comisiones, el boxeo ha ido perdiendo respeto en muchas partes del planeta. Son pocas las funciones que pueden presumir de un gran espectáculo.
Las carreras profesionales de muchos boxeadores se cargaron con duelos y triunfos fáciles y arreglados. Y desde allí se empieza a traducir a circo. Entonces, no tienen por qué surgir críticas.
Esa época de verdaderos y genuinos combates profesionales quedaron muy atrás, pertenecen a un pasado glorioso e intocable, además de inmaculado. Y de ello se encargaron de construirlo muchos elementos que pasaron a ser ídolos y figuras precisamente porque arriba del cuadrilátero hacían las cosas apegadas al sentido real del boxeo.
Hoy abundan los payasos con guantes de boxeadores que cobran millonadas de dólares pero que ofrecen más pena que espectáculo y diversión.