Las cosas en su lugar

Culiacán, 04 de mayo 2020. No hay descargo para los evidentes despropósitos de AMLO, particularmente en el trato de una crítica que, con frecuencia, él se encarga de magnificar, pero en modo alguno se puede tomar partido con el sector más reaccionario del país que, por su parte y con la ayuda de los resbalones declarativos de la presidencia, busca desestabilizar y preparar el escenario para un regreso de todo lo que el pueblo mexicano ha rechazado con inusual energía.

Sin embargo, creo que la alarma excesiva no se justifica. El pueblo mexicano, con todo y una democracia a la que mucho le falta, tiene memoria.

Por lo demás, no es dable que el primer mandatario del país se enrede a diario en lides gratuitas con todo tipo de críticos que, además, muchas veces no encajan en ese perfil. Parafraseando lo que se convirtió en lugar común: el presidente de México no solamente debe ser un estadista, sino también parecerlo.

El César, del relato de Plutarco, sería en este caso el pueblo que, justamente, empieza a exigir que su presidente se comporte como tal y no engrandezca a pretensos de cruzados sin cruzada (por ahora).

Y DEL OTRO LADO

Según AMLO, en la gran mayoría (casi totalidad) de los medios de comunicación, y sus figuras más prominentes, hay una marcada decadencia que tiene su origen en un no entendimiento  de “la nueva realidad” y, en consecuencia, lleva a reeditar modelos que debieran estar rebasados.

Ligado al poder, vendido, pues, ese periodismo, al reeditarse, debe ser descalificado sin más, es lo que muchos radicales apoyadores derivan.

Pero el caso es que en México, a pesar de todos los riesgos, se ha expresado también un periodismo profesional, independiente, crítico y consecuente con su función social.

Que haya sido una marcada minoría, se entiende, lo mismo que está sucediendo con el nuevo régimen, al que mucho ayudó, por cierto, esa prensa satanizada precisamente por enfrentarse al poder, antes y ahora.

La descalificación generalizada no cabe y va más allá, como quiera que se mire, de un “estilo” peculiar o un “modo de ser” (como algunos tratan de justificar) de quien, obligadamente, debiera comportarse de otra manera.

Por lo demás, lamentablemente, sí se está viendo el regreso de  una prensa que, hoy como ayer, está para servir incondicionalmente al poder. Bien lo saben: están con ellos.

NEGOCIOS SIN ÉTICA

En efecto, inicialmente, las calificadoras se ocupaban de las notas sobre la deuda de empresas y de los Estados, lo que siguen haciendo, pero desde hace unos 20 años, además, comenzaron a emitir notas a negocios hipotecarios y de bienes raíces, entre otros.

A mediados de 2006, las calificadoras habían duplicado sus ingresos emitiendo calificaciones de “triple A” a bancos que ellas mismas asesoraban, cobrando cantidades millonarias. A la postre, vino la crisis inmobiliaria en Estados Unidos

Moody’s fue acusada, con pruebas, de manipular las evaluaciones y asignar calificaciones que no correspondían a la realidad, contribuyendo a la crisis.

NECESARIO CAMBIAR ESO

El pasado día 16 del mes pasado, Moody’s bajó la “calificación soberana” a México, advirtiendo que puede ser peor, de “A3” (que, según su escala, es buena) a “Baa1” (que ya no lo es) y le asignó una perspectiva negativa.

Según la “calificadora” la baja obedece al deterioro de las perspectivas de crecimiento a mediano plazo, la situación financiera y operativa de Pemex, las “políticas públicas y la capacidad institucional”.

Dos días antes, el 14, otra de las “calificadoras”, Fitch Ratings, le bajó la nota a nuestro país, por segunda ocasión en menos de un año, a BBB- (estaba en BBB, que ya no era buena).

Lo mismo hizo Standard and Poors, desde marzo pasado, ubicando la nota de México en “BBB”. Que era por el coronavirus, dijeron.

Lo que procede, en todos esos casos, es sencillamente cancelar los tratos con esas agencias especuladoras, cuyos errores han costado muy caro al mundo y dejar de pagar a negocios claramente alejados de la ética.

No hace mucho, AMLO calificó de “hipócritas” a las “calificadoras” internacionales, siempre en el rejuego del capital transnacional. Rechazarlas sin más, es lo que se debe hacer.

EN EL TINTERO

-A juzgar por lo que pasa con el crimen desatado: la Guardia Nacional o la Carabina de Ambrosio. Así, nada más.

-En México, crece el gasto militar y el de la oficina de la presidencia.

-El confinamiento excesivo y las medidas policiacas de gobiernos torpes dirigidos por ignorantes (como en Sinaloa y sus municipios) son ya un factor de muerte, coronavirus aparte.

-Esta columna aparece en “Vértice de Sinaloa” (verticedesinaloa.net); Línea Directa (https://www.lineadirectaportal.com); Didáktica (http://www.didaktica.com); Sitio Telles (http://www.jorgeluistelles.com); “voces del periodista”, revista del club de periodistas de México (vocesdelperiodista.com.mx) y Síntesis de prensa, de Héctor Muñoz. (cano.1979@live.com).

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