En medio del debate sobre seguridad, narcotráfico y cooperación bilateral entre México y Estados Unidos, una voz sinaloense puso sobre la mesa una realidad incómoda: la lucha contra el crimen organizado no puede medirse únicamente por lo que México hace dentro de su territorio.
La senadora sinaloense, Imelda Castro, en entrevista con el sistema informativo Línea Directa, planteó una idea que abre un debate de fondo: si Estados Unidos cumpliera con la parte que le corresponde y frenara con mayor eficacia el tráfico de armas hacia México, los resultados de la estrategia mexicana de seguridad podrían ser más sólidos.
La legisladora recordó que el combate al narcotráfico implica responsabilidades compartidas, no discursos unilaterales.
Y el planteamiento tiene sustancia. Durante años, México ha enfrentado presión internacional por el tráfico de drogas, particularmente de sustancias sintéticas. Pero pocas veces el tema avanza con la misma intensidad hacia otro componente clave de la violencia: el flujo ilegal de armamento de alto poder que cruza desde territorio estadounidense y termina en manos del crimen organizado.
Imelda fue contundente: “si no hubiera armas provenientes de Estados Unidos, no habría la violencia que tenemos en México”, al insistir en que más del 80 por ciento del armamento asegurado en territorio mexicano tendría origen estadounidense, según datos citados en la entrevista.
Más allá de la cifra, el mensaje político es relevante: México puede fortalecer operativos, capturar generadores de violencia y desarticular células criminales, pero mientras el abastecimiento de armas siga alimentando esa estructura, la estrategia siempre enfrentará límites.
La seguridad regional ya no puede verse como una competencia de responsabilidades. México tiene la obligación de combatir la producción, la distribución y la corrupción interna. Estados Unidos tiene la responsabilidad de controlar el mercado ilícito de armas que fortalece a organizaciones criminales al sur de la frontera.
Porque al final, la violencia no cruza sola. Cruza con rutas, dinero, drogas y también con armas.
La pregunta ya no es cuál de los dos gobiernos está haciendo más en la lucha contra el crimen. La pregunta es si México y Estados Unidos están dispuestos a asumir, sin excusas, la parte que realmente les corresponde.