La UAS y el riesgo del caos

Desde enero de 2019 se vislumbraba un desencuentro entre el gobierno federal y las universidades del país. Hace un año el propio Andrés Manuel López Obrador salió al paso, rectificó lo que dijo fue un error cometido en el Paquete Económico que se reflejaba en una disminución de aproximadamente 5 mil millones de pesos para las instituciones de educación superior.

El Presidente dijo en esa ocasión, a manera de mensaje: “Voy a ser respetuoso de las autonomías de las universidades, pero quiero que haya honradez en el manejo del presupuesto que se dirige a las universidades públicas. Se acaba la corrupción”.

Hoy en la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) se está padeciendo lo que puede ser la primera acción concreta desde gobierno federal para obligarla a tomar medidas concretas que respondan a lo que el actual régimen pretende en ese renglón, donde considera hay excesos que se tienen que corregir.

Es una situación de alto riesgo, porque por una parte cerca de 20 mil trabajadores no están recibiendo su salario, con todas las implicaciones que ello implica, además de que se puede estar en el génesis del movimiento que lleve a una convulsión universitaria que desde hace años no se presenta.

Lo que padece la UAS lo están padeciendo varias universidades del país y el panorama para ellas no es nada halagador. Es complejo que se pueda corregir en el corto plazo lo que el gobierno federal está exigiendo, como el asunto de las pensiones y lo que considera prestaciones excesivas muchos trabajadores.

Pero no en realidad el asunto de pesos y centavos no lo es todo. También desde allá se mira con mucha suspicacia, sea real o no, la lucha de grupos políticos que buscan enquistarse en su interior.

Se parte, para esta visión, de algo irrefutable: Las universidades públicas siempre han sido espacios de sumo interés, una especie de apetitoso botín, para grupos de poder debido a los millonarios presupuestos que manejan, por lo que los propios partidos políticos se han involucrado en la búsqueda de su control a través de rectores y funcionarios afines.

Esto se refleja en la dualidad que se ha tenido entre gobiernos universitarios y liderazgos de partidos políticos, e incluso el añejo dominio de esas instituciones del saber por parte de familias por generaciones.

Ese es un problema que debe resolverse o cuando menos moderarse, pero atendiendo los intereses de los auténticos universitarios.

No se trata de un juego de vencidas, de postrar al oponente, sino ir mediante el diálogo corrigiendo lo que se tenga que corregir. Y esta premisa debe ser prioridad en ambas direcciones.

Si, como se argumenta desde el gobierno federal, hay excesos y corrupción, que se actúe, pero no se estrangule financieramente a la institución con el poder que da tener la llave del presupuesto.

Con toda la problemática y señalamientos, la UAS tiene ya años de estabilidad que ha permitido un reconocido crecimiento en la academia y en la infraestructura, por lo que algo seguramente se ha venido haciendo bien.

Eso se debe ponderar en las negociaciones, antes de que se genere el caos en toda la universidad.

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