La tragedia perredista

El pasado martes 5 de mayo se cumplieron 31 años de la fundación del Partido de la Revolución Democrática en el peor de los escenarios: sin dinero, sin militantes, sin relevancia en órganos de gobierno y, lo más lamentable, sin credibilidad.

Esa es la realidad del partido que nació en 1989 tras la férrea lucha electoral de 1988, y que generó una gran esperanza en millones de mexicanos cansados de las atrocidades del sistema político, donde tuvieron acomodo las más diversas expresiones de la izquierda mexicana.

Llegaron decisiones oportunistas y alianzas absurdas y con ellas también cargos de gobierno para sus cúpulas y “vacas sagradas”, que llevaron al PRD a la pérdida de identidad con sus militantes. Ahí se perdieron. El poder los igualó a lo que tanto habías criticado.

¿Qué cambió? ¿El partido o la militancia? Los dos. La ambición desmedida de líderes arribistas que sucumbieron a las tentaciones del poder político y económico y se convirtieron en lo mismo que había sido la razón del nacimiento del partido. Y muchos militantes cambiaron también, porque se cansaron de todos esos excesos.

Muchos valiosos cuadros perredistas se marcharon por pudor, porque ya no se sentían representados por el partido que formaron o al que se incorporaron, y otros lo hicieron para buscar nuevos espacios para seguir medrando.

La mayoría a se sumó a un proyecto en el que creyeron y que hoy está en el poder. Muchos de ellos conservan, hay que reconocerlo, su actuación honesta y compromiso de servicio a la sociedad. Eso no es criticable.

Lo que sí lo es que desde ese espacio en el que hoy se encuentran tantos otrora severos críticos que condenaron lo más podrido del sistema al que se rebelaron, defiendan todo lo que ayer denunciaron, actitudes y personajes, y que lleguen al insulto para justificar hoy lo que fue el motivo del nacimiento del PRD.

El aval y protección que ahora otorgan a los Bartlett, los Gómez Urrutia, Elba Esther o Manuel Espino, y no solo eso, sino la denostación a personajes fundadores del PRD, como Porfirio Muñoz Ledo y Cuauthémoc Cárdenas, cuando critican algunas acciones del actual gobierno, es indicio desalentador. Los perdimos.

Esa es la realidad hoy del partido del Sol Azteca y de muchos de los que lo abandonaron.

Y en el marco de los 31 años del PRD en Sinaloa, para recordarlo, solo un boletín de la dirigencia estatal a los medios. En los municipios nada. Se entiende que no hay celebración. En los velorios no hay motivos para el júbilo. Porque eso, y no otra cosa, es lo que estamos presenciando con el perredismo.

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