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La tómbola y la encuesta

Cuando Andrés Manuel López Obrador fundó el Movimiento de Regeneración Nacional, ya contaba con bastante experiencia política; con suficientes años de militancia en el PRI, aprendió...

Jesús Rojas
Jesús Rojas Rivera. | Jesús Rojas Analista y columnista Línea Directa.

Cuando Andrés Manuel López Obrador fundó el Movimiento de Regeneración Nacional, ya contaba con bastante experiencia política; con suficientes años de militancia en el PRI, aprendió todo sobre los partidos hegemónicos y de Estado. Más allá de las clases de Ciencia Política en la Universidad Nacional Autónoma de México, AMLO vivió desde las entrañas el poder del partido en el gobierno, las reglas del centralismo y los roles que se juegan dentro del presidencialismo, dicho por politólogos expertos; el presidencialismo mexicano, uno de los hiperpresidencialismos más férreos que tengan registro en los Estados modernos. -En otra entrega podremos hablar sobre semipresidencialismos, presidencialismos e hiperpresidencialismos.

Ya en el PRD, aprendió la segunda lección más importante. El comportamiento gregario de la izquierda en México, la conformación de tribus, el juego de clanes, las alianzas tribales y el reparto del poder como botín de guerra. Conocer la historia del PRI y del PRD es entender el modelo electoral de Morena, la configuración de las estructuras y el reparto de los espacios de poder. Así bosquejó López Obrador ese modelo tan particular de candidaturas en la 4T, el modelo de la tómbola y la encuesta.

La tómbola es la personificación de la esperanza en el azar, una especie de albur político en donde cualquiera “de los de abajo”, en un abrir y cerrar de ojos, puede ser parte de la cúpula. El único requisito es la militancia, ser de la tribu, pertenecer al clan, cumplir con las reglas del partido y seguir los propósitos fundacionales del movimiento. Apetecible oportunidad para las bases, en respuesta al reclamo histórico que el fundador de Morena aprendió en el PRI. “Si la base está contenta, la dirigencia se cura en legitimidad”.

La encuesta es el modelo contrario, la antítesis del azar. Es la ciencia estadística aplicada a un modelo de toma de decisiones políticas. Formalmente, una serie de ecuaciones que determinan, con un margen de error mínimo, las mejores opciones para la urna. Los personajes más rentables, los nombres con mayor recordación —suena rara, pero sí existe esta palabra—, los más carismáticos, las apuestas de mayor credibilidad. Pero sobre todo, un modelo en donde el partido tiene el control para determinar el método, los tiempos y los escenarios.

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Este modelo de encuesta tiene además una particularidad extraordinaria, como si de un programa de concursos infantil se tratase: nadie importante se va sin nada; siempre queda algo en las manos de los que se registran. El que juega bajo las reglas y se sujeta a la voluntad del partido, aun perdiendo, tendrá algún reintegro. Ese fue el ejemplo de las corcholatas: Marcelo Ebrard, secretario de Economía; Adán Augusto, senador y líder de bancada; Ricardo Monreal, coordinador de diputados; Gerardo Fernández Noroña, presidente del Senado. Aun en tribus, seguir las reglas dentro de un partido hegemónico garantiza la permanencia en el sistema y, sobre todo, mantiene vivas las posibilidades futuras.

Esto mismo está pasando en Sinaloa; cada una de las y los registrados está haciendo lo propio para mantenerse vivos en sus aspiraciones. Están recorriendo el estado, haciendo lo propio para generar simpatías en reuniones o asambleas. Mientras Imelda Castro recorre el norte de Sinaloa, Estrella Palacios visita Concordia, Graciela Domínguez se reúne con militantes en El Rosario, Ricardo Madrid tapiza con espectaculares la capital, Gerardo Vargas hace una gira de medios, Rodolfo Valenzuela se reúne con militantes en Culiacán, Tere Guerra realiza asambleas en Elota, Omar López dialoga con jóvenes y Jesús Ibarra con empresarios.

Todos impulsando el proyecto de la 4T. Cuando AMLO pensó en el modelo de la encuesta, este era el escenario esperado: todos a la calle, todos al encuentro de la ciudadanía y la militancia, todos a levantar la bandera del movimiento. Imagínese y multiplique, amable lector, el número de ciudadanos visitados o alcanzados en Sinaloa por la propaganda de 11 precandidatos; no hay, en este momento, una sola localidad de nuestro estado sin publicidad de Morena y aliados.

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Mientras la oposición perfila sus candidatos, Morena aceita la maquinaria electoral con estructuras de todo tipo. De los participantes, nadie, en su sano juicio, pensaría en reventar el proceso. Les pasaría lo mismo que a Estrada Ferreiro, ese que apostó por alejarse y quedó en el último lugar en el Senado, tremenda paliza electoral en donde hubo más votos nulos que votos para su candidatura. Estrada 4.87 %, votos nulos 5.07 %, según los datos oficiales del INE.

Por eso el modelo que inventó Andrés Manuel funciona, porque premia y castiga, da y quita. Todos juegan a ganar, incluso a ganar perdiendo en la encuesta. Eso sí, como en tiempos del viejo régimen, si decides romper las reglas, insubordinarte o enfrentar al “gran elector”, será el leviatán quien se encargue de los insurrectos y sublevados; esas son las reglas de los partidos de Estado. Luego le seguimos.

Fuente: Internet

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