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La noche en que el Tri aprendió a ser gigante

La atmósfera que se vivió en el estadio Azteca no era una simple fiesta; era la catarsis colectiva de un país que tantas veces ha visto...

Foto: Línea Directa. | Luis Alfonso Félix.

La atmósfera que se vivió en el estadio Azteca no era una simple fiesta; era la catarsis colectiva de un país que tantas veces ha visto a su selección quedarse a la orilla. El triunfo 2-0 sobre Ecuador no es un resultado ordinario en una ronda de eliminación.

Representa la confirmación de un hito que rayaba en la utopía antes de que rodara el balón en esta Copa del Mundo 2026: un paso perfecto incontestable y una defensa de hierro que se mantiene con el arco invicto, algo que ninguna otra selección había vivido desde 1990 a la fecha en este certamen.

México no solo ganó, sino que ahora sabe cómo mandar en su propia tierra, en una noche en la que aprendió que puede ser un gigante.

Lo verdaderamente revolucionario de este equipo no reside únicamente en la contundencia de sus atacantes, sino en su madurez táctica. Ecuador llegaba al encuentro precedido por un nivel altísimo en la fase de grupos, amenazando con imponer su físico y velocidad.

Sin embargo, la zaga del tricolor cuajó un partido redondo. Supo achicar los espacios con precisión quirúrgica, tirando líneas de fuera de lugar perfectas que desquiciaron por completo la ofensiva sudamericana en el complemento.

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La combinación de goles llegó en el momento preciso del primer tiempo. Primero, una pincelada dentro del área para abrir el cerrojo por conducto de Julián Quiñonez y, minutos más tarde, una auténtica obra de pizarrón colectiva para firmar el 2-0 a través de Raúl Jiménez, el delantero al que muchos cuestionaron su convocatoria y titularidad a raíz de su baja producción en la Liga de Inglaterra después de aquella intervención quirúrgica.

A partir de ahí, la escuadra nacional manejó los hilos con temple, congelando la desesperación de un rival que terminó desquiciado y diezmado con la expulsión de Piero Hincapié en el agregado, convirtiéndose en el primer sancionado en la fiesta futbolera por agredir verbalmente a un contrario tapándose la boca.

Quiñonez –otro al que para algunos periodistas tampoco debió ser convocado porque jugaba en una liga “muy pobre como Arabia- terminó convirtiéndose en el dueño de la noche por su poder ofensivo, junto con Roberto Alvarado que dio el mejor juego en este Mundial haciendo labores ofensivas y defensivas.

Quiñonez firmó su consagración definitiva –algo que causará bilis en sus opositores a ser convocado- firmando una noche de ensueño. No solo aportó el primer gol –tercero en su cuenta personal- sino que fue pieza angular en la secuencia asociativa que decantó el segundo gol obra de Jiménez. Hoy por hoy, es el futbolista diferencial del equipo mexicano.

Ahora lo que viene para la selección nacional es un examen de madurez ante Inglaterra, quien a temprana hora sufrió para vencer 2-1 a la República del Congo, cuyo futbol los exigió al máximo y que a punto estuvieron de dar la gran sorpresa.

Es aquí, contra Inglaterra, donde el misticismo del “paso perfecto” y el arco en cero se pondrán a prueba ante una de las plantillas más ricas del planeta. Inglaterra exigirá un nivel de concentración aún mayor, castigando los errores que Ecuador no pudo facturar.

Para México, jugar en casa ya no debe ser una presión, sino el combustible definitivo. El Tri ha demostrado que tiene con qué competir; ahora toca demostrar que está listo para reclamar su lugar entre la élite mundial.

Fuente: Internet

Fotografía de perfil de Luis Alfonso Félix

Luis Alfonso Félix

Columnista

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