La muerte viaja en moto

La trágica muerte de tres estudiantes que viajaban en motocicleta en el municipio de Navolato obliga abrir el debate sobre las acciones para frenar accidentes con este medio de transporte.

El índice de accidentes en los que participan motocicletas se ha disparado de manera extraordinaria en los últimos años en Sinaloa, con todo lo que ello implica, desde las muertes de personas, principalmente jóvenes, hasta las pérdidas materiales y los gastos médicos que generan.

Las autoridades de Tránsito han hecho intentos por frenar el problema, llamando a la conciencia de los padres de familia y de los propios conductores sobre el manejo responsable de este tipo de vehículo.

Tampoco se ha tenido éxito la exigencia a los automovilistas a los automovilistas y conductores de todo tipo de vehículo motriz a respetar a las personas que viajan en las unidades de dos ruedas. Sencillamente ese trabajo, mucho o poco, no se ha traducido en una reducción del índice de accidentes, que al contrario, sigue incrementándose.

Lo mismo es en calles de las ciudades que carreteras regionales y comunidades rurales. Algo no está funcionando.

Se entiende la necesidad de un trabajador, un estudiante, o cualquier ciudadano, de contar con un vehículo económico y rápido para su traslado, pero se deben tomar medidas más enérgicas para frenar este problema.

Son ya muchas las muertes registradas de motociclistas, muchas veces provocados por su propia imprudencia al conducir las frágiles unidades sin las precauciones correspondientes.

Por cada motociclista y automovilista responsable, precavido y respetuoso de las normas, hay decenas que conducen de manera desafiante y temeraria, colocándose en peligro no solo ellos, sino también a quienes tienen la desgracia de cruzarse en su camino.

Podrían ser más rigurosas las autoridades de Tránsito en la entrega de licencias de conducir, la exigencia inamovible del uso de equipos de protección, una vigilancia más activa para detener a quienes hagan mal uso de esos vehículos, y acompañar estas acciones con un intenso trabajo para que se tome conciencia de parte de todos los involucrados.

Estos accidentes salen muy caros. En lo económico les cuestan a las familias, al sistema de salud pública y a las empresas. Además, generan un gran dolor y luto los muchos muertos por estas causas.

Creo que es el momento de replantearse no solo algo tan elemental como el uso obligatorio del casco protector del conductor, sino la necesidad de que las autoridades, sin sospechas de que sus acciones sean recaudatorias, actúen con mayor energía contra quienes incumplan las normas en el uso de estos necesarios pero peligrosos vehículos.

Los motociclistas se han convertido en un segmento sumamente vulnerable en cuanto a la movilidad, y es necesario que se ponga orden en este sentido.

Comentarios

ut commodo id, ipsum dictum at dapibus Praesent Curabitur id