La muerte de un sabio

Hace unos días murió Don Sergio Obeso Rivera, obispo emérito de Xalapa, Veracruz.

Y las calles se llenaron de gente, el pueblo fue a enterrar a su obispo, pero ¿Quién fue Don Sergio Obeso? Para que el centro de Xalapa lo cerraran, para que tanta gente fuese a darle el último adiós.

Primero que nada era un hombre con mucha autoridad moral entre su ciudad, algo raro de encontrar en este siglo en una figura pública. 

Don Sergio fue junto con Samuel Ruiz uno de los negociadores en los acuerdos de San Andrés, fue cercano al Cardenal Corripio Ahumada.

Don Sergio fue como esos hombres de los que dice Rudyard Kipling en su poeta “Sí”: alternas con reyes sin perder la virtud y platicas con el pueblo sin cambiar de actitud.

Mientras Benedicto XVI lo renunció en 2007, por edad, Francisco I lo hizo Cardenal 11 años después en 2018.  

Aquí en Sinaloa ¿Hay figuras públicas en las iglesias, en el entorno social que, Dios guarde,  si nos faltase generaría tal dolor que el pueblo se vuelque a saturar catedral? Si hay figuras así… el reto es que en las próximas generaciones formemos sabios, gente que nos diga de que lado sopla el viento si nos perdemos en medio del huracán.

Una  la tarea de un pueblo es forjar mujeres y hombres que le den valor a su pueblo, que desde su lugar en el mundo lo vuelvan mejor. Desde el mesero que sonríe, el empresario que paga deudas, derechos y sueldos a tiempo, el servidor público que tiene oficio, buen trato y es eficiente, el estudiante que formula ideas desde las aulas, el maestro que está ahí para el alumno, el pastor que guía a su congregación sin lucro, si hay gente así… no es utópico.

Cuando recibió el Cardenalato, Don Sergio Obeso dio un discurso en catedral de Xalapa, habló de la parábola de “Un Denario”, es la parábola de los obreros que trabajan en la viña y unos empezaron desde la mañana y otros ya en la tarde y la paga fue la misma: un denario.

Explica Don Sergio que la paga es el servicio, quien sirvió más recibió más aunque la paga sea la misma, por que en el don de dar es como las bendiciones llegan.  Se nos olvida eso, nos enfocamos más en el recibir y se nos olvida el dar, dar caridad, dar un consejo, dar atención, etc.  Eso y poner el ejemplo, es lo que forja la autoridad moral.

Se fue un buen hombre que ayudó mucho a su ciudad, a su pueblo y eso duele, siempre que muere un sabio es como cuando se cae un árbol, no hay nada que dé sombra hasta que crezcan los tallos.

Los mejores pueblos son aquellos en que sus ciudadanos saben dar ¿Nosotros sabemos dar? ¿Sabemos dar el ejemplo? ¿Somos un pueblo sabio? ¿O somos ingenuos?

Se fue Don Sergio Obeso que Dios lo proteja en su camino y que la tierra le sea leve.

Nos hacen faltas sabios y la tormenta ahí viene, se nos vienen días negros… y hay pocos que saben hacia donde virará el vendaval, por que como dice el sabio Bob Dylan: la respuesta siempre está en el viento.  

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